Tipos de acoso escolar

La psicóloga forense, Laura Corrochano, nos habla sobre el acoso escolar o bulling y su influencia sobre la salud de las personas. En esta segunda parte nos explica cuáles son sus formas de expresión y cómo detectarlo. 

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Acoso escolar
Acoso escolar. Fuente del texto: Psicóloga Laura Corrochano. Fuente imagen: za href="https://pixabay.com/es/tel%C3%A9fono-m%C3%B3vil-smartphone-whatsapp-1026122/"> Saferinternetat

¿Cómo se manifiesta el acoso escolar?

Se originan como agresiones que pueden ser de carácter físico o verbal, donde las verbales prevalecen en mayor porcentaje. Se pueden producir de forma directa (empujones, amenazas, gritos, patadas, insultos, burlas, ridiculización…) o indirecta (robar, estropear u ocultar material, poner motes…).
Detrás de estas conductas violentas encontramos distintas justificaciones por parte del agresor, tales como: “me han provocado”, “por gastar una broma” o “por pasar el rato”.
El objetivo de estas agresiones además de dañar a la persona, es destruir las relaciones sociales, lo que lleva a un aislamiento social respecto al grupo de iguales.
El escenario principal en el que se localizan las agresiones habitualmente, suele ser la clase o el patio, pero es cierto que en muchos casos se amplía fuera del centro escolar.
Se empiezan a registrar casos en los que el uso de las nuevas tecnologías adquieren un papel importante dentro de esta problemática (cyberbulling).
El acoso se continúa a través de Internet o el móvil, con llamadas y mensajes amenazantes, grabaciones en vídeo de agresiones verbales y físicas para la posterior difusión entre el grupo, imágenes que puedan avergonzar a la víctima, crear perfiles falsos en nombre de la víctima,  comentarios en foros y similares para que otros tengan reacciones adversas…

 

¿Cómo detectar el acoso escolar?

Hay señales que manifiestan los menores que pueden ser consecuencia de que estén sufriendo una situación de acoso escolar:

A nivel psicosomático pueden presentar dolor abdominal, cefaleas, vómitos, pérdida de apetito, ansiedad, problemas de sueño,  también se observa  que en ocasiones estos problemas se pueden fingir porque su padecimiento permite que no asistan a clase, evitando el malestar que le causa la situación de acoso.

Es por ello muy importante un examen médico para descartar si los síntomas se deben a alguna enfermedad de base o por el contrario a una problemática de acoso, donde puede presentarse como consecuencia o como estrategia de evitación.

Los menores víctimas de acoso sufren cambios en su comportamiento normal, se observan cambios de humor, se encuentran más tristes, lloran, expresan una mayor irritabilidad. No quieren salir ni relacionarse con sus compañeros, se aíslan. No quieren participar en funciones escolares ni excursiones.

Se puede observar en algunos casos lesiones, como hematomas o arañazos; material escolar o personal estropeado o que ha sido extraviado.

No sólo en casa hay que prestar atención a la conducta del niño, también el personal del centro escolar tiene que considerar aspectos que pueden ser relevantes, a pesar de que las agresiones normalmente se producen cuando los profesores no están presentes.

Existen alumnos que pueden convertirse en víctima por tener algún defecto físico, retraimiento excesivo, obesidad, cuestión racial, problemas de lenguaje o aprendizaje, por lo que hay que prestar especial atención a estos casos.

Hay que observar la relación que guardan los alumnos en clase, pasillos, patio e incluso a las puertas del centro. Si se producen pintadas en la pizarra, paredes, notas que puedan ser manifestación del problema.

Si existen risas, abucheos, enfrentamientos, por la intervención de un alumno.  La participación de los alumnos en las diferentes actividades escolares y extraescolares y la causa de las ausencias reiteradas.

Si ha habido un cambio en el estado de ánimo, si se observa tristeza. Si su conducta ha cambiado, es menos comunicativo, se aísla de sus compañeros, si ha disminuido el rendimiento escolar, atención y concentración. Si presentan quejas somáticas. Indagar cuál puede ser la causa de dichos cambios.

Observar si hay deterioro en su material escolar o en su vestimenta, si presenta lesiones producidas por conductas violentas.

Y, por supuesto, prestar atención a aquellos alumnos que insisten en que están siendo insultados o agredidos, o por el contrario, aquellos que comunican que lo está siendo un compañero.

Tener en cuenta la observación que hacen los padres en casa y refieren que no quieren ir a clase.

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