Alergia, enfermedad del primer mundo. Tercera parte.

El Dr. Álvaro Moreno Ancillo, especialista en Alergología del Hospital Nuestra Señora del Prado de Talavera de la Reina nos explica qué son las alergias, cómo nos afectan y cómo actuar frente a ellas.

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Ver vídeo: Cómo se diagnostica una alergia

¿Cómo se diagnostica una alergia? 


Tenemos que intentar reproducir de una manera sencilla lo que ocurre cuando, a nivel del organismo, aparece la reacción. 

Hay varios modos de diagnosticar, el método más sencillo es la prueba cutánea. El anticuerpo IgE lo que hace es situarse en la membrana de una célula que se llama mastocito, al entrar en contacto con el alergeno produce histamina.


Lo que hacemos es, a nivel del brazo, poner una gotita del alergeno y hacer una minúscula punción. Así ponemos en contacto esa célula mastocito de la piel con el alergeno que ha entrado en esa zona. En esa célula mastocito, al estar en contacto con la IgE y el alergeno, se produce una degranulación de la histamina que nos produce un pequeño avon.  Esta prueba puede hacerse con diferentes alergenos para identificar esa alergia.


Otra prueba consiste en sacar sangre del paciente y enfrentarla con un panel de alergenos, como en el caso anterior, que son capaces de producir una degranulación en sangre.


Muchas veces hay discordancia entre una prueba y otra o tenemos dudas de que el mecanismo haya sido alérgico o de que la reacción sea real, por lo que, lo siguiente que hacemos los alergólogos son pruebas de exposición controlada. 

Esto es muy útil, por ejemplo en lo que refiere a alergias a medicamentos, ya que muchas reacciones que ocurren en el contexto del tratamiento con determinados fármacos que pueden parecer alérgicas, finalmente después no se reproducen.

Restringir una medicación a una determinada persona, cuando, a lo mejor puede necesitarla, puede salvarle la vida en otro momento, es una decisión importante y es mejor asegurarse si esa alergia es real o no.

¿Puede una alergia  convertirse en una enfermedad autoinmune?


No. Lo que sucede es que a veces, determinadas enfermedades, sobre todo cutáneas, pueden ser de origen alérgico y la misma enfermedad puede ser de origen autoinmune. Lo que produce confusión es que los síntomas pueden ser similares.

En las enfermedades autoinmunes el sistema inmunológico ataca a estructuras del propio organismo y en ese ataque se produce un proceso inflamatorio dañino.

En la reacción alérgica también se produce un proceso inflamatorio dañino pero el agente que desencadena el ataque es exterior.

Sabemos de casos de personas que describen que en la infancia sufrieron alergia a un medicamento y que en la adultez no la padecen ¿Por qué sucede esto? 

En más del 90% de las reacciones alérgicas a medicamentos (o supuestamente alérgicas) en la edad infantil por debajo de los 5 años se trata de exantemas (erupciones cutáneas) que no son provocadas directamente por el medicamento sino favorecidos por problemas víricos subyacentes. Se realizan las pruebas que comentamos antes para comprobar si el medicamento es bien tolerado en otro contexto.

También puede pasar en los niños que hay alergias alimentarias transitorias, sobre todo con la leche y el huevo, que, haciendo una dieta de exclusión o “reseteo” o sea quitando el contacto de los niños pequeños con el alimento por un tiempo, en muchos de ellos, disminuye la alergia o desaparece.

Sin embargo, cada vez nos encontramos con más niños que, a pesar de haber realizado ese procedimiento, no llegar a quitársela. En este caso lo que hacemos es volver a introducir el alimento de forma lenta y progresiva, como si fuera una inmunoterapia, una terapia de desensibilización a esos tipos de alimentos.

Lo que sí es cierto es que si el cuerpo evita el estímulo durante mucho tiempo es capaz de disminuir mucho la alergia.

¿Y al revés? Personas que nunca han sido alérgicas de repente empiezan a serlo…

Hay varios motivos, primero debe estar la facilidad genética de ser alérgico. Luego, como hemos comentado, la alergia también depende de nuestra forma de vida actual, occidental, no sólo de la Teoría de la Higiene sino de estar sometidos a ambientes con humos, vapores y  partículas diesel.

El cambio climático y el aumento de la contaminación favorece para que los pólenes se presenten de una manera más agresiva.

También las enfermedades autoinmunes favorecen las alergias.

Las formas en que preparamos los alimentos, el incremento de aditivos, de saborizantes que tienen pequeñísimas cantidades de proteínas que pertenecen a las familias del huevo o de la leche pueden ser favorecedores de sensibilización.

Lee la primera parte de la entrevista aquí.

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