¿Cómo prevenir las alergias?

El Dr. Álvaro Moreno Ancillo, especialista en Alergología del Hospital Nuestra Señora del Prado de Talavera de la Reina nos ofrece recomendaciones para los alérgicos estacionales.

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El Dr. Álvaro Moreno Ancillo, especialista en Alergología del Hospital Nuestra Señora del Prado de Talavera de la Reina nos explica qué son las alergias, cómo nos afectan y cómo actuar frente a ellas.

¿Qué es una alergia?

Una alergia es una reacción exagerada de nuestro sistema inmunológico contra sustancias que, en teoría, no deben provocarnos ningún daño.

Esta anomalía del sistema inmunológico tiene que ver con un anticuerpo que se llama IgE. La IgE está distribuida por el cuerpo y la alergia es una enfermedad sistémica, por lo tanto, cualquier parte del cuerpo puede tener una reacción.

¿Cuáles son las alergias más comunes?

Las alergias más frecuentes son, si nos enfrentamos a un alergeno respiratorio, enfermedades como la rinoconjuntivitis o el asma.

Si nos enfrentamos a un alergeno alimentario o de contacto, pueden haber reacciones cutáneas y, en el caso de una reacción exagerada, podría producirse una anafilaxia, que es una reacción potencialmente grave que puede dar alteraciones de la tensión arterial, de la frecuencia cardíaca e incluso en algunas personas, llevar a la muerte.

En el área en que nos encontramos, en la meseta castellana, las alergias más frecuentes son las respiratorias y en nuestro caso, la rinoconjuntivitis que es causada principalmente por los pólenes.

Los síntomas serían estornudos, picor de nariz, ojos y, síntomas bronquiales que afectan a la obstrucción de la vía respiratoria y que condiciona el asma.

Después de los pólenes, también producen alergias respiratorias los ácaros, los hongos (más frecuentes en la costa y donde hay cierto grado de humedad ambiental) y los animales (se restringen al contacto).

Este tipo de alergia puede afectar entre un 18 y un 20% de la población, generalmente con síntomas de vías respiratorias altas, aunque el asma afecta entre un 5 y un 10% de la población, siendo más frecuente en niños.

En otro tipo de alergia, la más frecuente es la alergia alimentaria, afecta casi a un 4% de la población. Si nos restringimos a población pediátrica estaríamos cerca de un 8%, hay datos que hablan de que se está volviendo una alergia cada vez más frecuente y se espera que en lo próximos años alcance el 12 – 15% si sigue la progresión actual.

Dentro de las alergias alimentarias más frecuentes nos encontramos que son diferentes según la edad:

– Niños: las más frecuentes son las alergias al huevo, a la leche y al pescado.

– Jóvenes: es más común la alergia a frutos y frutos secos.
– Adultos: se verán más alergias al marisco, trigo y legumbres.

Nuestras alergias van variando según vamos tomando contacto con los alimentos.

Es importante destacar que cada vez encontramos casos más frecuentes de alergias alimentarias graves y esto es particularmente problemático en niños, sobre todo en alimentos que contengan leche y huevo ya que puede haber trazas de estos alimentos en cualquier tipo de comida preparada produciendo así una reacción alérgica muy severa.

Esto condiciona que a nivel de escuela y colegio tengan preparados algunos sistemas de reconocimiento de este tipo de reacciones y entrenamiento para tratarlas. A los padres de estos niños les recomendamos llevar un kit de respuesta rápida, incluso unas normas bien dirigidas para los profesores y personas del entorno.

¿Existe alguna razón en particular por la cual hay cada vez más alergias?

Hay varias teorías sobre esto. La más conocida es la de la Higiene.

El caso es que nuestro sistema inmunológico está preparado para defenderse de unos estímulos bacterianos, víricos y parasitarios. Lo que ocurre es que la alergia se dirige hacia estímulos que no deben provocar ningún daño, que deberían ser tolerados.

Esta pérdida de tolerancia se cree que se debe a una disminución de los estímulos que durante siglos ha tenido el ser humano para modular su sistema inmunológico. Antes estábamos más enfrentados a bacterias, virus y parásitos desde los primeros momentos de la vida, ahora tenemos una sobre protección tanto desde el punto de vista del uso de antibióticos como desde el punto de vista de la limpieza, de la higiene.

¿Debemos dejar de ser limpios? No. Lo que probablemente sucede es que hemos perdido contacto con lo que llamamos  la Teoría de los viejos amigos, en la que bacterias que no provocan daño estaban en contacto con nosotros y servían para modular el sistema defensivo.

¿Qué hay que hacer?

Reeducar al cuerpo. Yo recomiendo que poblacionalmente volvamos a nuestro entorno rural y seamos un poco menos artificiales.  Hay estudios en marcha a nivel europeo para intentar determinar si, desde el punto de vista de la población, debemos cambiar hábitos, ya que la alergia es una enfermedad del primer mundo.

Se prevé que si seguimos así, para el 2050 el 50% de la población será alérgica.

¿Cómo se diagnostica una alergia?

Tenemos que intentar reproducir de una manera sencilla lo que ocurre cuando, a nivel del organismo, aparece la reacción.

Hay varios modos de diagnosticar, el método más sencillo es la prueba cutánea. El anticuerpo IgE lo que hace es situarse en la membrana de una célula que se llama mastocito, al entrar en contacto con el alergeno produce histamina.

Lo que hacemos es, a nivel del brazo, poner una gotita del alergeno y hacer una minúscula punción. Así ponemos en contacto esa célula mastocito de la piel con el alergeno que ha entrado en esa zona. En esa célula mastocito, al estar en contacto con la IgE y el alergeno, se produce una degranulación de la histamina que nos produce un pequeño avon.  Esta prueba puede hacerse con diferentes alergenos para identificar esa alergia.

Otra prueba consiste en sacar sangre del paciente y enfrentarla con un panel de alergenos, como en el caso anterior, que son capaces de producir una degranulación en sangre.

Muchas veces hay discordancia entre una prueba y otra o tenemos dudas de que el mecanismo haya sido alérgico o de que la reacción sea real, por lo que, lo siguiente que hacemos los alergólogos son pruebas de exposición controlada.

Esto es muy útil, por ejemplo en lo que refiere a alergias a medicamentos, ya que muchas reacciones que ocurren en el contexto del tratamiento con determinados fármacos que pueden parecer alérgicas, finalmente después no se reproducen.

Restringir una medicación a una determinada persona, cuando, a lo mejor puede necesitarla, puede salvarle la vida en otro momento, es una decisión importante y es mejor asegurarse si esa alergia es real o no.

¿Puede una alergia  convertirse en una enfermedad autoinmune?

No. Lo que sucede es que a veces, determinadas enfermedades, sobre todo cutáneas, pueden ser de origen alérgico y la misma enfermedad puede ser de origen autoinmune. Lo que produce confusión es que los síntomas pueden ser similares.

En las enfermedades autoinmunes el sistema inmunológico ataca a estructuras del propio organismo y en ese ataque se produce un proceso inflamatorio dañino.

En la reacción alérgica también se produce un proceso inflamatorio dañino pero el agente que desencadena el ataque es exterior.

Sabemos de casos de personas que describen que en la infancia sufrieron alergia a un medicamento y que en la adultez no la padecen ¿Por qué sucede esto?

En más del 90% de las reacciones alérgicas a medicamentos (o supuestamente alérgicas) en la edad infantil por debajo de los 5 años se trata de exantemas (erupciones cutáneas) que no son provocadas directamente por el medicamento sino favorecidos por problemas víricos subyacentes. Se realizan las pruebas que comentamos antes para comprobar si el medicamento es bien tolerado en otro contexto.

También puede pasar en los niños que hay alergias alimentarias transitorias, sobre todo con la leche y el huevo, que, haciendo una dieta de exclusión o “reseteo” o sea quitando el contacto de los niños pequeños con el alimento por un tiempo, en muchos de ellos, disminuye la alergia o desaparece.

Sin embargo, cada vez nos encontramos con más niños que, a pesar de haber realizado ese procedimiento, no llegar a quitársela. En este caso lo que hacemos es volver a introducir el alimento de forma lenta y progresiva, como si fuera una inmunoterapia, una terapia de desensibilización a esos tipos de alimentos.

Lo que sí es cierto es que si el cuerpo evita el estímulo durante mucho tiempo es capaz de disminuir mucho la alergia.

¿Y al revés? Personas que nunca han sido alérgicas de repente empiezan a serlo…

Hay varios motivos, primero debe estar la facilidad genética de ser alérgico. Luego, como hemos comentado, la alergia también depende de nuestra forma de vida actual, occidental, no sólo de la Teoría de la Higiene sino de estar sometidos a ambientes con humos, vapores y  partículas diesel.

El cambio climático y el aumento de la contaminación favorece para que los pólenes se presenten de una manera más agresiva.

También las enfermedades autoinmunes favorecen las alergias.

Las formas en que preparamos los alimentos, el incremento de aditivos, de saborizantes que tienen pequeñísimas cantidades de proteínas que pertenecen a las familias del huevo o de la leche pueden ser favorecedores de sensibilización.

¿Qué recomendaciones puede dar para los alérgicos “estacionales”?

Lo primero es conocer lo que te produce tu alergia. El saber en qué época estás peor ya te orienta para saber cuándo tienes que estar preparado.

En nuestra zona, lo normal es la alergia respiratoria a:

– La gramínea y el olivo: a partir de finales marzo, con pico de síntomas en mayo y junio.
– Malas hierbas (por ejemplo la artemisa).
– El plátano de sombra: pico de síntomas en abril.

– La arizónica:polinizan desde diciembre hasta marzo .

Dependiendo del síntoma que tienes deberás usar la medicación que te hayan recomendado. Si los síntomas son sobre todo nasales y oculares tendrás que usar antihistamínicos, algún tipo de colirio o spray  que sea capaz de quitar la inflamación nasal y si tienes síntomas asmáticos pues la medicación que te haya recomendado tu médico como los broncodilatadores.

Si tienes síntomas oculares importantes puedes usar métodos de barrera como gafas de sol, evitar salir al campo en días ventosos o posteriores a las tormentas que es cuando se abren los granos de polen y pueden producir síntomas de asma más severos.

Una vez que está claro el diagnóstico se pueden utilizar tratamientos preventivos como las vacunas anti-alérgicas, la inmunoterapia, que son de eficacia contrastada si está bien seleccionado el paciente y el alergeno.

Esta terapia podría disminuir la medicación y mejorar la calidad de vida de las personas alérgicas, ya que en casos severos, deben evitar salir para no exponerse al alergeno.

¿Qué opina del uso de las medicinas complementarias en la alergia?

De momento no se ha demostrado que la medicina complementaria, en particular la homeopatía,  sea eficaz para la alergia respiratoria.
Yo no soy radical en el papel de este tipo de tratamientos.

Mi tarea es advertirle al paciente que reconozca sus síntomas y controle si están empeorando, especialmente en el caso del asma debido al riesgo de empeorar.

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