Violencia de hijos a padres

La psicóloga, Laura Corrochano, nos habla sobre la violencia de hijos a padres. ¿Cuáles son sus características? ¿Qué factores la predisponen?

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La psicóloga, Laura Corrochano, nos habla sobre la violencia de hijos a padres. ¿Cuáles son sus características? ¿Qué factores la predisponen?

Actualmente, por diferentes medios de comunicación, vivencias propias o de personas cercanas a nosotros, se da a conocer un problema cada vez más evidente que se desarrolla en el seno de muchas familias de nuestra sociedad: la violencia Filo-Parental o Violencia intrafamiliar ascendente.

¿Qué es la Violencia Filo- Parental o Intrafamiliar Ascendente?

Es un acto violento, abusivo y recurrente, que ejercen los hijos conscientemente e intencionalmente hacia sus padres, con el objetivo de poder controlarles y ganar poder y dominio sobre ellos.

La edad de los hijos agresores se sitúa en la preadolescencia y adolescencia, con mayor incidencia entre los 14 y 16 años. Este tipo de conducta en jóvenes y adolescentes, son muy concretas y se diferencian de las conductas disruptivas propias de dichas edades, por la violencia con la que se desarrollan y las secuelas de las víctimas.

Esta violencia no es producida como mecanismo de defensa ante la conducta violenta de otro miembro de la familia.Emerge en las familias de todos los niveles socio-económicos, la mayor incidencia y prevalencia de esta violencia, se da en la clase media.

La mayoría de estudios muestra una mayor prevalencia de que las madres son las más agredidas.

Instituciones sociales, sanitarias y judiciales cada vez registran más casos, aun así, son muchos los que se desconocen por el encubrimiento por parte de las víctimas y la negación de los menores, lo que no permite conocer la magnitud exacta del problema.

Causas del maltrato de hijos a padres

Se origina un comportamiento con un patrón de conducta que se manifiesta en forma de falta de límites, arrebatos incontrolados y extremista.

La mayoría de los niños y adolescentes violentos expresan una profunda aversión a ser supervisados o guiados por sus progenitores, presentándose igualmente cuando existe un desacuerdo entre progenitor e hijo.

Cuando los progenitores intentan controlar dichas situaciones utilizan reprimendas, amenazas o castigos, incrementan la intensidad y frecuencia de la conducta violenta del menor. 

Ante esto, los adultos cambian la estrategia por una nueva posición de aceptación, comprensión hacia el menor y pacificación, que el menor sigue ignorando y reaccionando incluso con mayor violencia.Nuevamente se adopta una conducta hostil y dura que provocará que el hijo quiera vengarse incrementando de nuevo las agresiones.

Esta escalada violenta crea un circulo, donde de nuevo, los progenitores se posicionan con una actitud sumisa para que el clima familiar no sea tan estresante, con el fin de convivir en un hogar menos conflictivo.

 

De esta forma, el hijo aprende a conseguir lo que quiere por la fuerza, y los progenitores a someterse. Esto conlleva con el tiempo, mayor grado de violencia y sumisión, estableciéndose así el patrón de relación familiar.

Se reconocen 3 tipos de violencia de hijos a padres

Violencia Física: actos violentos directos, patadas y puñetazos dirigidos hacia los padres u objetos del hogar, amenazar con objetos peligrosos, empujones, arañazos…

Violencia Psicológica: insultos, gritos, mentiras, hacer sentir mal a la otra persona con vejaciones sobre su apariencia y personalidad, hacerles pensar que están locos, realizar peticiones poco realistas a los padres, amenazar con suicidarse, huir de casa, insistir en que acaten sus normas…

Violencia Económica o Financiera: Robo de dinero, exigir la compra de cosas que no pueden permitirse, vender pertenencias de los padres o de ellos mismos, contraer deudas que deberán pagar los progenitores…

¿Qué factores predisponen este tipo de violencia?

– Si los padres tienen un comportamiento abusivo entre ellos o hacia sus hijos o si los menores han sido testigos de violencia de género, existe una mayor probabilidad del desarrollo de este tipo de conductas por imitación.

 

– Las pautas de crianza sin coherencia, es decir, directrices, normas educativas, castigos que llevan a contradicciones, con estilos educativos exigentes, normas y límites diferentes entre ambos progenitores, así como adoptar estilos permisivos, autoritarios y negligentes que predisponen su desarrollo, como puede ser permitir determinadas conductas que visiblemente no son positivas para el desarrollo educativo, hacer un uso estricto de la autoridad como padres y tener conductas negativas que dañan el cuidado del menor.

– Situaciones en las que se exige al menor un elevado nivel de autonomía y responsabilidad que no se relaciona con su madurez y edad.

El menor con características de consumo de drogas, baja autoestima, poca empatía, impulsividad, baja tolerancia a la frustración y ansiedad. Dificultades para controlar la ira y expresión de emociones, tendencia a la irritabilidad y problema de sueño… Todo ello causa malestar psicológico que va en aumento si no se detiene a tiempo y torna en conductas de expresión violenta.

– Estos menores suelen mostrar conductas agresivas en otros ámbitos, un ejemplo de ello es en el contexto escolar, donde se observa la dificultad de adaptación y el bajo rendimiento escolar.

¿Qué consecuencias psicológicas encontramos en la violencia de hijos a padres?

Tanto las víctimas como el agresor se ven inmersos en un círculo de violencia recíproca difícil de interrumpir.

Los padres que son víctimas, tienen problemas de insomnio, depresión, impotencia y sentimientos de frustración. Muchos necesitan de medicación y otros recurren al consumo de drogas con el fin de hacer frente al estrés. Situaciones de desesperación, miedo, culpa y falta de apoyo.La problemática influye en el resto de la familia, grupo social y en las responsabilidades laborales de las víctimas, deteriorando así las relaciones sociales de los diferentes contextos.

Muchos son los progenitores que no dan a conocer la situación familiar en la que se encuentran inmersos, por miedo y vergüenza por haber fallado como educadores, lo que implica mayor sufrimiento e intensidad de la problemática.

En ocasiones el hijo agresor tiene que abandonar el hogar familiar por un proceso judicial, lo que provocará sentimientos de pérdida, tristeza y culpabilidad, convirtiéndose en una situación traumática.

El menor agresor va adquirir unas estrategias de resolución de problemas no adaptativo, haciendo uso de conductas violentas para conseguir sus objetivos, esto va a dificultar relaciones sociales, laborales y familiares en el desarrollo personal. Dificultades de expresión de sentimientos y emociones, aumento de la frustración y problemas para controlar la agresividad.

¿Qué se puede hacer para prevenir el maltrato de hijos a padres?

Fomentar comportamientos orientados a las relaciones sociales, para desarrollar relaciones positivas en el ámbito familiar, así como facilitar la comunicación entre los miembros de la familia, esto además va a facilitar las relaciones sociales fuera del entorno familiar.

Facilitar la adquisición de habilidades, estrategias y técnicas para la solución de conflictos en el ámbito familiar , como puede ser el dialogo sin voces ni insultos, facilitar la expresión de emociones de forma positiva sin el uso de la violencia, participación entre los miembros de la familia en la búsqueda de alternativas a situaciones que originan problemas…

Impulsar el desarrollo de expectativas y exigencias reales de los hijos, sin presiones y teniendo presentes la limitaciones y dificultades que puedan tener para su desarrollo.

Los progenitores han de trabajar sobre los valores y la educación para crear figuras de apego sanas, es decir, hay que dotar a los menores de valores (respeto, bondad, agradecimiento, amor, responsabilidad…) para permitir su desarrollo personal y educar así sobre unos principios, que le permitirá crecer y defender su dignidad, con esto conseguimos ayudar a fomentar la relación entre los cuidadores y el menor.

Ayudar a la creación un vinculo afectivo, sabiendo interpretar las necesidades emocionales del menor, para el desarrollo posterior socioafectivo.

Favorecer el desarrollo de confianza en los menores y su autoestima en su figura como hijos para con los progenitores y como desarrollo personal.

Impulsar la creación de vínculos con personas adultas que influyan de manera positiva.

Toma de conciencia de la problemática que pueda existir, sus consecuencias y buscar soluciones sin demorarse en el tiempo para evitar el desarrollo de hábitos desadaptativos.

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