Tipos de sordera. Primera parte

La médico foniatra, Dra. María Bielsa nos habla sobre la importancia de la detección precoz de la sordera y sobre los tipos de sordera.

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La detección de la sordera en los niños es importantísima para su desarrollo. Dicen que un niño con 1 año de vida que aun no se le ha diagnosticado la sordera ya es un viejo porque en los 3 primeros meses de vida se han podido hacer multitud de actuaciones.

El niño ya debería llevar un audífono puesto para que cuanto antes se ponga en contacto con el mundo sonoro.
Mientras el niño no está recibiendo estímulos, esa corteza cerebral que está en pleno desarrollo no está estableciendo las conexiones necesarias  para que identifique luego esos sonidos. Cuanto más tarde se detecte la sordera, mucho peor resulta cualquier actuación terapéutica, audífonos o implante coclear.

No todas las sorderas impiden al niño adquirir el lenguaje. Las sorderas profundas sí, si el niño no está en contacto con el lenguaje no lo va a aprender, no es como otras habilidades del ser humano que van madurando espontáneamente.


El lenguaje se adquiere interaccionando con la persona que habla, por eso es tan importante estimular auditivamente al niño desde los primeros días, incluso desde el útero. Un niño que no ha tenido una suficiente estimulación auditiva, será un niño que va a tener un lenguaje mucho más pobre.

Si un niño ha tenido una pérdida auditiva que ha pasado desapercibida, lógicamente va a tener un lenguaje más pobre, va a tardar más en hablar o incluso su lenguaje nunca va a ser un lenguaje normal.


Los niños sin pérdidas auditivas severas, de 40- 50 decibelios, pueden escuchar la palabra, a veces lo que no hacen es diferenciar correctamente sonidos parecidos, se llama “discriminación auditiva”. Confunden fonemas similares, por ejemplo, la “f” y la “z”, la “l” y la “d” o la “r”, no las pronuncian bien o incluso luego, cuando tienen que escribirlas en un dictado, cometen errores.

Estos problemas de discriminación auditiva pueden ser debidos a problemas respiratorios en el niño, por ejemplo, vegetaciones muy grandes que obstruyen parcialmente el cavum (rinofaringe) que generan en la trompa (en el conducto que comunica con el oído) una alteración en las presiones que hacen que el tímpano no se mueva correctamente, no conduzca bien, por lo que esos sonidos no se diferencian entre sí y el niño las dice mal porque no  las está detectando correctamente y no las discrimina entre sí.

Hay pruebas muy sencillitas que hacemos en foniatría por las que se pasan unos pares de palabras similares como, por ejemplo, “plata”- “”rata”, “tripa”- “tipa”, “plomo”- “pomo”. El niño debe decirnos, si ya tiene capacidad de hacerlo, si son iguales o diferentes.

Esto nos permite saber, junto con otras pruebas, si hay un problema con la conducción de los sonidos a través del tímpano.

Esto puede solucionarse con un tubito de drenaje que coloca el otorrinolaringólogo (ORL) en el tímpano para garantizar la ventilación a uno y otro lado del tímpano.

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