¿Qué tipo de ayudas auditivas existen?

La médico foniatra, Dra. María Bielsa, nos habla sobre las ayudas auditivas, según el tipo de sordera.

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El audífono es un dispositivo electrónico externo, un amplificador de sonidos.

El audífono recibe la información acústica y la amplifica para que se perciban sonidos, para que el umbral de audición en el niño pueda estar más elevado por pérdidas entre 30 a 60 decibelios.
El paciente seguramente necesitará tratamiento logopédico para captar los matices de percepción de la palabra, identificación correcta de los sonidos y discriminación de los mismos.

Por encima de esa pérdida hay veces que los audífonos no son capaces de proporcionar al niño umbrales suficientes para que perciba correctamente la palabra.


Las sorderas profundas, por encima de 90 decibelios no permiten una ganancia suficiente con el audífono para garantizar la adquisición del lenguaje en el niño.

Desde hace unos 30 años se hacen intervenciones que se llaman implantes cocleares. Se trata de un adelanto tecnológico que ha permitido adquirir el lenguaje a niños sordos profundos, cosa que antes era impensable.

El implante coclear es un dispositivo electrónico que se coloca en el interior de la cóclea.

Tiene un micrófono exterior, un procesador con unos electrodos y estos electrodos hacen el recorrido de los bucles de la cóclea, producen una estimulación eléctrica en el nervio auditivo que la corteza cerebral recibe y traduce a estímulos acústicos.

El implante coclear no hace sonidos, estimula el nervio auditivo. Hay que reeducar este nervio para que los estímulos eléctricos se traduzcan a estímulos acústicos.

No es posible decir cómo oye un niño implantado hasta que no se hace una estimulación auditiva. El implante es una intervención muy laboriosa realizada por personal especializado.

Antes del implante, se realiza un protocolo donde se ve qué nivel de lenguaje tiene el niño tanto comprensivo como expresivo, la capacidad para verbalizar.

Se puede realizar esta intervención durante el primer año de vida del niño.

Afortunadamente  hemos visto ya el desarrollo de niños que han sido implantados y tenemos la satisfacción de decir que su lenguaje no difiere en absoluto de el de que cualquier niño de su edad, están escolarizados normalmente, con un muy buen rendimiento escolar.

El tratamiento logopédico puede durar unos años hasta garantizar que el niño va adquiriendo correctamente todos los pasos del aprendizaje del lenguaje.

Los implantes cocleares se ponen en las sorderas severas y profundas cuando no pueden beneficiarse del uso del audífono. Siempre que haya un audífono que permita al niño una ganancia suficiente para percibir correctamente los sonidos, éste será la primera elección.
El implante está reservado a las personas que no son candidatas al audífono.

¿Quiénes no son candidatos a implante coclear?

  • personas con sordera de tipo central, depende de la corteza cerebral, el implante sólo sirve en sorderas de oído interno, del  caracol
  • patología psiquiátrica grave
  • retraso intelectual
  • cuando no se dan las condiciones para mantener el implante (control y calibramiento)

 

El implante tiene que ponerse en marcha poco a poco y es la logopeda quien tiene que ir vigilando que el implante está funcionando bien (programas) y trabajando con el paciente para su rehabilitación.

Cada vez los criterios de inclusión de los niños para implante se van ampliando, así como a los adultos.

Es una intervención quirúrgica que requiere anestesia general, puede producir algún rechazo , pero la experiencia en general es que es bien tolerado.

En cuanto a la posibilidad de no intervenir al niño y utilizar la lengua de signos, la comunidad sorda está dividida entre los partidarios de implantar al niño precozmente  y los partidarios de mantener al niño sin esta intervención y utilizar la lengua de signos española.

 

Es una lengua de signos muy rica, con unas posibilidades comunicativas importantes, restringida a la comunidad sorda, padres y familiares que lo aprenden pero con muchas posibilidades de desarrollo de las personas y de aprendizaje.

La elección es personal y es responsabilidad de los padres, en caso de los menores. El médico y el equipo implantador debe informar de los pros y los contras de una u otra opción.

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