¿Qué es Mindfulness?

La psicóloga y experta en coaching, Pilar Martín Pérez, nos habla sobre Mindfulness, una habilidad que nos ayuda a ser conscientes de nosotros mismos. En esta primera parte nos define sus orígenes.

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La psicóloga y experta en coaching, Pilar Martín Pérez, nos habla sobre
Mindfulness, una habilidad que nos ayuda a ser conscientes de nosotros mismos.
En esta primera parte nos define sus orígenes.

Mindfulness
Oración de la serenidad citada por Pilar Martín

Vivimos en un mundo trepidante que nos obliga a reaccionar deprisa. En muchas
situaciones ni siquiera somos conscientes de lo que hacemos, pensamos y/o
sentimos y por qué.

Desconocemos nuestras emociones, por qué y para qué surgen y sobre todo qué hacer con ellas para que no nos gobiernen en contra de nuestra voluntad.

¿Nos hemos parado a pensar quién quiero ser? ¿Quiero hacer lo que hago para ser
quien quiero ser?, o ¿hago cosas que no quiero hacer, que me producen
insatisfacción y me alejan de quien quiero ser?

Mindfulness proporciona las herramientas necesarias, probadas desde innumerables estudios científicos, para el autoconocimiento y la búsqueda de la coherencia vital que nos permita una vida vivida intensa y consciente desde ese yo que queremos
ser.

¿Qué es el Mindfulness?

El término inglés mindfulness se puede traducir al castellano como conciencia plena, atención plena, atención consciente, atención intencional, conciencia inmediata o conciencia del momento, aunque ninguno de estos intentos de traducción corresponde exactamente con el significado real que tiene la práctica de mindfulness.

Existen tantas definiciones como estudiosos se dedican a publicar sobre ello, incluso tantas como personas lo practican. Cada quien hace suyo el concepto y lo define a su manera.

La definición primigenia es la de Jon Kabat Zinn, que fue quien introdujo el término en occidente en 1990: “Prestar atención de un modo particular: a propósito, en el momento presente y sin establecer juicios de valor”.

Para mí personalmente mindfulness es un planteamiento vital, existencial, una forma de estar presente en tu propia vida, asistiendo a ella de forma consciente, sin dejarte arrastrar por los contenidos de tu mente.

¿Cuántas veces tenemos la sensación de no haber vivido lo que hemos vivido, de no haberlo disfrutado al máximo mientras ocurría, de que la vida se nos va como el agua en un cesto, de hacer las cosas como en piloto automático?

Siempre que me preguntan por mindfulness sostengo que su esencia se encierra en una frase que ha sido atribuida a muchos autores, entre ellos San Agustín, pero que parece que la escribió Reinhold Nieburh, un politólogo norteamericano. Se conoce como la oración de la serenidad y reza así:

“Señor, concédeme valor para cambiar lo que puedo cambiar, serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, y sabiduría para entender la diferencia.”

Valor, serenidad, sabiduría para cambiar, aceptar y entender la diferencia. De eso se ocupa el mindfulness. Estas son sus claves.

Si buscamos una definición más “técnica”, en la literatura hay cientos, pero yo daría una: Mindfulness es la habilidad de contemplar la mente y su contenido sin juzgar, observando el momento presente con aceptación y curiosidad. Como tal habilidad, se puede entrenar y a medida que va creciendo nos va proporcionando nuevas cotas de autoconocimiento y sabiduría.

En palabras que ahora están tan de moda, se trata de sacar a nuestra mente de su zona de confort para que pueda crecer y aventurarse en su autoconocimiento, se trata de “limpiar” la mente para que refleje nuestro verdadero ser en nuestra vida cotidiana.

¿Cuál es su origen y fundamento?

Mindfulness no es un invento moderno. Si nos atenemos a su vertiente de habilidad, puede incluso que sea inherente a la condición humana, esa capacidad de ser consciente, de atender.

Pero la literatura deja claros sus orígenes en el planteamiento filosófico de Siddharta Gautama, Buda, quien hace 2500 años fue el iniciador de una tradición, el budismo, ampliamente extendida por todo el mundo.

Sin embargo él sólo perfeccionó enseñanzas que había recibido, enseñanzas que fueron pasando de generación en generación hasta llegar a él de forma que perdemos su pista.

Como todo lo que se convierte en moda corre el riesgo de trivializarse o de aligerar su praxis hasta límites estériles.

Existen multitud de estudios científicos, que desde la biología, la neurología, la psiquiatría o la psicología nos esclarecen las bases de mindfulness y sus aplicaciones.

Prestigiosos profesionales internacionales de diversos ámbitos como Daniel J.
Siegel, Daniel Goleman, Steven C. Hayes, Kirk Strosahl, Kelly Wilson, Matthieu
Ricard, y una larga lista de nombres, trabajan y publican hoy en día en la
profundización de los aspectos científicos de mindfulness.

En España contamos con investigadores que avanzan día a día en ese estudio, Vicente Simón (médico, psiquiatra y catedrático de Psicobiología en la Universidad de Valencia), Javier García Campayo (psiquiatra, profesor de la Universidad de Zaragoza), Israel Mañas Mañas (psicólogo clínico, profesor de la Universidad de Almería), entre otros
muchos.

Experimentos

Puede que el primer resultado experimental poderoso, el que abrió las puertas a un tipo de pruebas demostrativas de la utilidad de esta técnica, fuera el que presentó en 2011 Sara Lazar, investigadora del Hospital General de Massachusetts (EE UU).

Usando resonancia magnética para escanear el cerebro de 16 pacientes, demostró que bastaban ocho semanas practicando media hora de meditación mindfulness al día para aumentar la densidad de la materia gris en el hipocampo, área cerebral asociada al aprendizaje y al estrés.

La materia gris también crecía en áreas cerebrales asociadas a la autoconciencia, la compasión y la introspección, a la vez que disminuía en la amígdala, una estructura con un papel clave en la ansiedad y el estrés.

Estos cambios cerebrales explicarían por qué la meditación con atención plena, actualmente tan en boga, es sumamente eficaz para combatir el estrés, por qué mindfulness nos cambia la vida cambiando la arquitectura neuronal de nuestro cerebro. 

¿Cuáles son las características del Mindfulness?

Frase sobre Mindfulness
Frase sobre Mindfulness. Fuente: Pilar Martín

Cuando decidimos comprometernos con la práctica del mindfulness esa práctica ha de ser genuina, natural y creativa, estar adaptada a nosotros mismos y a nuestros contextos, contar con la mochila de nuestras experiencias pasadas y con nuestra forma de sentir.

Todo ello requiere una percepción más profunda, un sentir no intelectualizado, basado en el cultivo de una cotidianidad de amabilidad y respeto hacia los demás pero en primer lugar hacia nosotros mismos.

Personalmente creo, y esto forma parte de mi vivencia personal, no es nada así estipulado en los textos, que mindfulness consta de tres fases bien diferenciadas.

La primera es una fase de adiestramiento de la atención, de la mente. 

Muchos son los que se quedan en ese primer estadio, nada despreciable y desde luego muy útil para el crecimiento personal y la gestión de uno mismo.

En muchísimas praxis de mindfulness lo único que se pretende es adiestrar la atención, la mente, para que seamos nosotros los que la gobernemos y no ella a nosotros.

Esto en sí mismo ya tiene una enorme potencia a todos los niveles, terapéutico, de
mejora personal
, de crecimiento, de optimización de energías.

Pero sobre todo a nivel de ser quien quiero ser, hacer lo que quiero hacer para ser
quien quiero ser y no dejarme arrastrar por esa mente saltarina
 de mono, llena
de creencias, juicios y prejuicios, miedos, pensamientos, obsesiones, dolores
antiguos, angustias e incertidumbres, a lugares a los que no quiero ir porque
me alejan de ser quien quiero ser.

Para mí esa es la primera parte del camino, la primera fase. No es fácil cuando la
inicias pero luego te das cuenta de que con mucho es la parte más sencilla.

Se trata sólo de paciencia con uno mismo, confianza, mente de principiante y
disciplina.
 Pero es sólo el principio. Después nos queda una especie de tierra
media por recorrer.

Tomados los primeros contactos con la atención plena, con la quietud de la mente y con la idea y el sentir que “no soy mis eventos mentales”, lo que queda es lo más
difícil, lo más arduo, el camino más tenebroso y que inspira más miedos.

Si no soy mis pensamientos… ¿Quién soy? Esta sería la segunda fase, la del
autoconocimiento, la de llegar a sentir ese “yo esencia” que soy y que no pocas
veces se me oculta.

La tercera fase sería la de llevar todo eso a la propia vida, la fase de vivir en
atención plena. VIVIR en mayúsculas.

¿Para qué sirve?

Puede servir para ayudar a superar un trauma o un episodio difícil en la vida, para aliviar un dolor físico o una enfermedad, para aprender a llevar un tratamiento duro o para bajar los niveles de ansiedad y/o estrés.

Pero yo diría que fundamentalmente sirve para prevenir sufrimientos estériles, para conocerse a uno mismo, para aprender a vivir plenamente y para ser más feliz y estar más satisfecho. Para poder ser quien uno quiere ser.

¿Se recomienda para alguien en particular?

En la actualidad se aplica mindfulness en los hospitales, en terapias de dolor crónico (artritisfibromialgia, etc.), de ayuda al tratamiento del cáncer, en casos de estrés, depresión, adicciones, en terapias de Alzheimer, etc.

En educación se empieza a implementar en los centros de forma general con alumnos de todo tipo y en especial con alumnos de necesidades especiales, como alumnos con TDAH, por ejemplo.

La herramienta fundamental del aprendizaje es la atención, parece evidente por tanto que cualquier forma de conseguir mayor eficiencia en ese ámbito debe ser bienvenida en las aulas.

Se ha demostrado una relación directa entre el rendimiento académico y las habilidades que ayudan a fortalecer la práctica de mindfulness.

Se utiliza como complemento fundamental en terapias psicológicas, de hecho forma parte esencial de la terapia de aceptación y compromiso (ACT) que tan buenos resultados está demostrando, y es una herramienta que se está popularizando mucho en talleres
de crecimiento personal y gestión emocional.

En principio, yo personalmente se la recomendaría a cualquier persona interesada en mejorar su grado de satisfacción personal y con la vida.

¿Tiene alguna contraindicación?

Existe un reducido grupo de trastornos mentales en los que en la actualidad se está estudiando la adaptación de la técnica.

En un principio se desaconsejaba en casos de psicosis y esquizofrenia pero se trabaja en dichos trastornos y hay estudios que empiezan a utilizar variantes de mindfulness en sus terapias.

Personalmente creo que, en personas que no presenten trastornos mentales graves, en la práctica digamos común y cotidiana de mindfulness el posible peligro está en caer en el nihilismo.

La inevitable raíz budista de la práctica puede hacernos caer, con malas praxis, en una religiosidad o una espiritualidad mal entendida que hipertrofie nuestro yo.

De hecho este ha sido quizá el escollo más voluminoso que ha tenido que salvar la ciencia en el estudio de las bases de mindfulness.

¿Cómo se realiza o aplica?

En la aplicación, en la práctica de mindfulness también podemos distinguir dos niveles que se solapan.

Uno sería el de la “práctica formal”, lo que se denomina meditación.

Para ello necesitamos un tiempo, un lugar adecuado, una postura corporal correcta, y, cuando comenzamos, es muy útil seguir una guía de audio. Ese es el entrenamiento que necesitamos para luego poder llevar lo entrenado a nuestra vida cotidiana.

Empezaríamos por ahí, por una práctica formal que adiestre nuestra atención. Pero a la vez arrancaríamos con la “práctica informal” que se irá fortaleciendo y haciendo más y más natural en nuestras vidas a medida que avancemos.

Esa práctica informal consiste en hacernos conscientes en cualquier situación, en parar unos segundos, y aplicar “sobre el terreno” lo que la práctica formal nos ha enseñado, a soltar, a sentir, a calmarnos, a respirar y centrar la atención, a estar presentes segundo a segundo, en nuestra propia vida, sin dejarnos arrastrar por nuestros
eventos mentales, emociones, pensamientos, etc.

¿Qué profesional debe recomendarlo y realizarlo?

Aquí se abre el melón de las competencias y las distintas opiniones de diferentes tipos de profesionales. Si atendemos al hecho de que la capacidad de ser conscientes es inherente al ser humano, cualquiera puede hacer uso de ella y ponerla al servicio de su propio crecimiento como persona.

Ahora bien, si lo que queremos es tratar una crisis o un problema psicológico o médico, necesariamente la guía del proceso ha de ser un profesional reconocido de la psicología o la medicina.

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