El rol del educador social en la discapacidad

La educación social es una profesión que trabaja en pos de la socialización, convivencia y desarrollo, desde una perspectiva pedagógica.

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El rol del educador social

En este artículo, Yasmina Curiel, educadora social de la Asociación Síndrome Shy-Drager (ASYD) desea destacar el papel del educador social en el ámbito de las discapacidades y poder así, justificar, su importancia.

¿Qué es un educador social?

Como profesional de la educación y de lo social, su trabajo está encaminado hacia dos ejes claramente definidos.

En primer lugar, debe centrar su energía en que las personas con discapacidad obtengan recursos sociales, culturales, etc.; exigidos socialmente, que le faciliten su inserción y participación activa en la sociedad en la que se desarrollan y se mueven.

En segundo lugar, en el marco comunitario, el profesional de la Educación Social deberá centrarse en la sensibilización, transformación y formación de la comunidad desde una óptica crítica.

Funciones del educador social

Dificultades para definir sus funciones 

Cierto es que resulta un tanto complejo determinar las funciones concretas a desempeñar por este profesional, teniendo en cuenta que, en numerosas ocasiones, la intervención educativa es llevada a cabo por personas que carecen de esta titulación.

A este problema, se le suman otros tres factores que dificultan la acotación y exactitud de las labores del educador social y que son las siguientes:

  1. Atendiendo a las diferentes maneras de entender la discapacidad (lo cual influirá directamente en la relación educativa que vamos a establecer con la propia persona con discapacidad), nos centraremos en las dos concepciones que más nos conciernen. Encontramos, así, en una parte, la médica, que es quizá la concepción más obsoleta, la cual se centra en la incapacidad de las personas, donde los “otros” deciden por ella. En el otro lado, encontramos la concepción social, perteneciente a un modelo más integrador, que aboga por la “autodeterminación” de la persona con discapacidad; es decir, defiende la participación de la persona en todos aquellos aspectos de su vida que le conciernen.

  2. Atendiendo ahora a las necesidades de las personas con discapacidad, entendemos que la discapacidad abarca numerosas formas, capacidades y limitaciones (motrices, sensoriales –visuales, auditivas, multisensoriales-, psíquicas, orgánicas, psicótico-comportamentales…), que pueden darse de forma simultánea en algunos sujetos y que determinarán las necesidades específicas de cada uno, siendo tarea imposible dar una respuesta educativa y/o social universal para cada persona.

  3. Por último, la diversidad de contextos y entornos en los que el educador y la educadora social pueden desarrollar su trabajo con personas con discapacidades, o bien pueden trabajar con la población en general para la modificación de actitudes hacia la discapacidad.

Teniendo en cuenta estas particularidades, ahora sí podemos realizar una aproximación a las funciones comunes que lleva a cabo el educador social en el ámbito de la intervención con personas con discapacidades.

Funciones comunes del educador social

Con el sujeto

Acompañamiento a la persona con discapacidad en su proceso de socialización para facilitarle el acceso a la cultura y la inclusión en la sociedad. Se tendrá siempre en cuenta la participación del sujeto, su identidad, sus necesidades y demandas, sus opiniones y sus decisiones.

Con el entorno del sujeto

Es imprescindible el trabajo con el entorno, en el que aparece la relación con otras instituciones (escuela, mundo laboral, familiar, administración) y con la comunidad. Todo ello con el objetivo primordial de posibilitar la normalización e integración social de la persona con discapacidad.

Ahora bien, concretando más profundamente en el trabajo con personas con discapacidad, por la afectación de una enfermedad rara y degenerativa o crónica, se debe señalar que el trabajo del educador o educadora social adquiriría una nueva dimensión antes no mencionada.

Cuidados paliativos

Nos referimos a cuidados paliativos y, en este punto, para todos es bien sabido que la complejidad de la estructura y los dispositivos asistenciales de este tipo de cuidados requieren de un equipo multidisciplinar que ofrezca la cobertura necesaria para atender las múltiples demandas de pacientes, familiares y profesionales.

Y en consonancia con esto, es fundamental que la figura del Educador Social forme parte de dicho equipo, aportando no sólo su carácter mediador, dinamizador y experto en relaciones interpersonales, sino además, su conocimiento pedagógico para afrontar el duelo y la muerte; ya que a morir, también se aprende.

Actualmente, los avances médicos y científicos han logrado curar enfermedades antes incurables y mortales, e incluso aumentar la esperanza de vida de personas con enfermedades crónico – degenerativas.

Estos cambios, a su vez, han logrado dar un giro al concepto de la muerte, entendida en la cultura tradicional como un suceso inesperado, rápido, habitual o injusto. Ahora, respecto a su temporalidad, puede verse como un proceso más o menos alargado dependiendo de los avances médicos logrados.

En consecuencia, no se debe olvidar que a los síntomas físicos de los enfermos terminales se les añaden otros elementos de carácter psíquico, social y espiritual, cuyo impacto agudiza el sufrimiento tanto del paciente como de su propia familia.

Se trata, por tanto, de un proceso de aprendizaje. Aprender a vivir dignamente cuando se está al borde de la muerte no es algo natural, se aprende y debe adquirirse.

La fuerza de la educación

A lo anterior, se une, además, el convencimiento de que la educación es el mejor medio para desarrollar actitudes y valores que favorezcan vivir este proceso terminal, no desde el sufrimiento y anulación del ser humano, sino como una etapa vital, por la que más tarde o temprano debemos transitar.

La Educación Social en este ámbito, pretende compartir la preocupación de cómo preparar a los enfermos y a sus familias, ante situaciones terminales, así como, ofrecer apoyo a los distintos profesionales ante los cuidados paliativos.

La intervención del Educador Social consiste, por tanto, en ayudar a razonar a los pacientes y a sus familiares para abandonar la visión dramática y percibir la muerte, como un hecho natural que forma parte de la vida como señala Kübler – Ross “morir es tan natural como nacer y crecer, pero el materialismo de nuestra cultura ha convertido este último acto de desarrollo en algo aterrador”.

El educador social en un equipo multidisciplinar

En definitiva, todo indica que la actuación del Educador Social como portador de herramientas pedagógicas está llamado a incorporarse a los equipos multidisciplinares e interdisciplinares, como profesional idóneo para introducir aspectos educativos en relación a la muerte, con capacidad de promover cambios a nivel cognitivo, emotivo y conductual en los enfermos, en sus allegados y en los propios profesionales.

Un profesional que, además, conozca los distintos recursos y servicios para la atención a este colectivo concreto. Que tenga en cuenta las funciones de cada uno de los miembros del equipo y maneje la terminología y sintomatología de las distintas enfermedades de las personas con las que trabaja. Que conozca los impactos del dolor, tratamientos, etc. Puesto que será clave en el proceso de intervención educativa.

Aportará todos los apoyos educativos necesarios al paciente como protagonista principal, capacitará a la familia para cuidar al enfermo y autocuidarse, y facilitará a los profesionales las herramientas adecuadas para evitar su desgaste profesional.

Tal como afirma García Molina (2003) la Educación Social es tanto un servicio como un derecho social de la ciudadanía, y añadiría que imprescindible para aquellos colectivos especialmente vulnerables.

Una profesión que trabaja en pos de la socialización, convivencia y desarrollo, desde una perspectiva pedagógica. Una profesión que deberá ser autocrítica consigo misma constantemente para mejorar la calidad de sus intervenciones, que analice su “saber”, pero sobre todo su “saber ser” y su “saber hacer”. Que evite caer en actitudes asistencialistas y que recuerde, por encima de todo, que trabaja para y con personas.

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