Duelo, fases y superación

Cada persona marca su ritmo en la evolución de este proceso ya que es totalmente personal y dependerá también de las circunstancias y tipo de pérdida que se trate.

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El duelo es un proceso de adaptación ante una pérdida, por muerte o separación, así nos lo explica la psicóloga, Lorena Muñoz en este interesante artículo.

duelo

Hoy he querido abrir el tema del duelo con este texto ya que creo que resume muy bien la necesidad del que sufre y lo que se puede hacer: acompañar.

En la sociedad en la que vivimos el dolor no es comprendido, no es aceptado, no lo queremos ver.

La realidad es que la pérdida de un ser querido ya sea por muerte o separación nos provoca una inmensa sensación de dolor ante la cuál queremos dar una imagen de que estamos bien, prohibiéndonos a nosotros mismos hacer partícipes al resto de nuestro dolor, incluso, a veces, llegando a negarnos a nosotros mismos ese estado de profunda tristeza.

Sin embargo, es un proceso de adaptación que debemos pasar, que debemos sentir para poder seguir viviendo, de otra manera, pero viviendo.

Fases del duelo

Podemos definir el duelo como el proceso de adaptación ante una pérdida.

La psiquiatra Elisabeth Kubler Ross, describe las siguientes fases:

  1. Negación: Negarse a sí mismo y al entorno la pérdida. Es un mecanismo de defensa, normal y adaptativo. El problema ocurre cuando la persona no es capaz de avanzar y se queda en esta fase estancada.
  2. Ira: cuando las emociones son tan intensas, pueden llevar a las personas a sufrir ira o enfado ante la pérdida. Aparece la culpa y se buscan responsables.
  3. Negociación: la ira o enfado por la pérdida no es fácil de mantener en el tiempo, por lo que la persona busca soluciones normalmente poco realistas, por ejemplo, en una ruptura de pareja, “¿podemos seguir siendo amigos?” o en un fallecimiento , algún pacto con lo divino «te prometo que voy a ir a misa todos los domingos».
  4. Depresión: al ver que las soluciones aportadas en la negociación no son válidas y al ir haciéndose más real la pérdida, aparece sintomatología similar a un proceso depresivo.
  5. Aceptación:  Se asume que la pérdida es inevitable. Depende de cada persona el tiempo que pase en aceptar la pérdida y poner en marcha los recursos de los que dispone para hacerle frente. Supone un cambio de visión de la situación. La persona es capaz de seguir su día a día, aceptando la pérdida, sin que ello implique olvido.

Cada persona marca su ritmo en la evolución de este proceso ya que es totalmente personal y dependerá también de las circunstancias y tipo de pérdida que se trate.

¿Qué podemos hacer cuando nos encontramos en una situación similar?

Las claves, yo diría, que son la escucha activa, la empatía y la aceptación incondicional. La aceptación de los sentimientos que en ese momento está viviendo la otra persona.

¡QUE DIFÍCIL! Diréis, cuando vais a visitar a alguien que lo esta pasando mal. Es entonces cuando decimos palabras esperanzadoras: “No llores”…”Verás como toda mejora”…. “¡Seguro que se arregla!”

Pero este tipo de expresiones son complicadísimas de entender por una persona que está destrozada.

En un artículo para El Mundo, la psicóloga Margalida Estarellas, con más de una década de dedicación profesional en una unidad de paliativos afirma: “hoy en día no tenemos «mucha idea» de cómo reaccionar y aconseja que no intentemos resolver el dolor del otro y argumentemos «barbaridades» para que se sienta mejor.

«La persona que sufre no necesita argumentos, necesita presencias. No necesita que la regañen ni que la critiquen, sino que la acepten», zanja con rotundidad.

En el caso de duelo por parte de niños esta misma psicóloga explica: «Hay que lograr el equilibrio entre no alejarles de la verdad y no darles una verdad tremenda».

Efectivamente ante un niño hay que elaborar la información y adaptarla a su nivel de maduración.

La Fundación Mario Lo Santos del Campo (FMLC), en su Guía: “Hablemos de Duelo”, explica como ante el deseo de proteger a los hijos, los padres eligen ocultar o esconder ciertos temas, hecho que puede ser contraproducente por la posible conversión de lo que podría ser un duelo normal, en un duelo patológico que puede precisar la intervención de un profesional.

Pero no solo será la muerte lo que pueda provocar el duelo en las personas, como decía antes, cualquier perdida provocará el desencadenamiento de este proceso. Otro de los temas muy comunes en la actualidad son las separaciones.

Duelo por separación

Las fases de una ruptura, con sus matices y distancias, según los expertos, son similares a las de un duelo.

“En ocasiones, [la separación] es incluso más dolorosa, pues cuando alguien muere, la carpeta se cierra, mientras que en la ruptura sabes que la persona está ahí, pero que ya no quiere estar contigo”, sostiene la psicóloga, Patricia Ramírez en este otro artículo de El Mundo. 

La clave está, sobre todo, en aceptar la situación, en reconocer que la historia ha terminado y saber poner el punto final. “No fijes tu objetivo en recuperar”, dice Ramírez, “sino en aceptar”.

“No supliques amor a la otra persona, no pidas amor a quien ya no quiere estar contigo” porque, “las parejas son para disfrutarse, no para sufrir”, asegura tajante.

En este tipo de situaciones en las que existen hijos en común, la situación puede incluso complicarse ya que para el menor no es fácil entender porque cambian sus rutinas y lo que hasta ese momento había sido su vida de pronto comienza a reorganizarse de una forma completamente diferente a como hasta el momento había venido siendo.

Duelo infantil

Las pérdidas son parte del ciclo vital, desde que nacemos comenzamos a experimentar duelos. ¿Por qué creer que los niños no son capaces de entender este tema?

Efectivamente y según sea su nivel de maduración, habrá cosas que no entienda, pero los niños tienen una capacidad de resiliencia magnífica, es decir, “la capacidad de superar, e incluso salir fortalecidos de situaciones adversas”.

¿Cómo hablar de la separación a un niño?

-La transmisión de la información será llevada a cabo por ambos padres, adaptando el lenguaje al nivel de comprensión del niño.

-Decirle la verdad, cuando los niños no tienen información suficiente, tienden a elaborar explicaciones del lo que pudo haber pasado.

-Acompañar al niño, será una etapa en la que emitirá muchas preguntas que los padres deberán responder, con claridad, para evitar sentimientos de culpabilidad o frustración por parte del menor.

-Establecer un clima de confianza en el que pueda expresar sus sentimientos. Con los niños es muy útil utilizar los dibujos, ya que hay veces que no saben expresar que están sintiendo.

-Imprescindible que el niño perciba buena comunicación entre sus padres, evitando cualquier tipo de conflicto en presencia del menor, favoreciendo así el aprendizaje del respeto y protegiendo su autoestima.

-Cariño y comprensión. En este proceso de adaptación es muy probable que puedan surgir ciertas dificultades en el ámbito social, escolar o familiar.

El silencio muchas veces es tocar el alma del que está sufriendo.

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