¿Qué es el reflujo gastroesofágico en lactantes?

¿Qué es?¿Cuáles son sus causas?¿Cómo se puede prevenir y cómo se puede tratar? ¿Que podemos hacer? Y a qué debemos estar atentos.

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reflujo gastroesofágico fisiológico
Reflujo gastroesofágico fisiológico. Fuente: Pedro Camacho

El enfermero de Neonatología, Máster en Nutrición Pediátrica y Perinatal, Osteópata Craneosacral, Terapeuta del Método Rubio para el tratamiento del cólico del lactante y Fundador de Mi Recién Nacido, Pedro Camacho, nos habla sobre el Reflujo Gastroesofágico fisiológico y enfermedad por reflujo. ¿Qué es?,¿cuales son sus causas?¿cómo se puede prevenir y cómo se puede tratar, ¿que podemos hacer ? y a qué debemos estar atentos.

¿Qué es el reflujo gastroesofágico fisiológico?

El reflujo es el paso del contenido del estómago sin esfuerzo y sin forzar hasta el esófago, puede llegar o no a la boca, o incluso expulsarlo en forma de vómito.

Queda muy bien descrita esta patología en el artículo realizado por la Dra. Soraya Cuadrado Martín, Pediatra Especialista de la Unidad de Gastroenterología Infantil del Hospital Ntra. Sra. del Prado de Talavera de la Reina para la web Mi recién nacido en el que destaca que este tipo de episodios son normales en los bebés y por eso se conoce como “reflujo gastroesofágico fisiológico” y que suele ocurrir en un porcentaje elevado de lactantes (>75%) con una edad de máxima expresión: entre el mes y los cuatro meses.

Por suerte, de manera progresiva, va cediendo hasta los 12-18 meses de edad (en algún lactante puede persistir algo más pero generalmente ceden antes de los 24 meses).

Si vuestro bebé lo presenta, es importante saber que no es una enfermedad en sí, sino un proceso de maduración. 

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¿Cuáles son sus causas?

La causa del reflujo es la inmadurez del esfínter esofágico inferior, es decir “la entrada al estómago”.

Éste no cierra del todo, así que el contenido gástrico sube sin apenas dificultad, a veces ayudado por movimientos o posturas del lactante, expulsión de eructos o nerviosismo del niño.

Además hay que tener en cuenta que el bebé lo que toma a estas edades tempranas es sólo o mayoritariamente de consistencia líquida y estar tumbado es su posición habitual.

¿Qué podemos hacer para disminuir estos episodios?

Pues tenemos varios supuestos:

1- Si se trata de un bebé al que llamamos “regurgitador feliz”, es decir, que come bien, gana peso adecuadamente, no está irritable, no hace posiciones “extrañas” para evitar el reflujo… este caso es el típico reflujo fisiológico, y su tratamiento sólo consiste en estar tranquilos, ya que es algo habitual en los niños pequeños y remitirá.

¿Qué podemos hacer para ayudar en este caso?

Intentar evitar que el contenido del estómago del bebé vuelva hacia su esófago por gravedad, aplicando medidas físicas, tales como:

  • Una vez finalizada la toma de la leche, permaneceremos con el bebé en brazos e incorporado durante 10 o 15 minutos.
  • El bebé no debe de dormir acostado sobre una superficie horizontal. Es conveniente elevar el cabecero de la cuna (y el del cochecito de paseo) unos 25 o 30 grados, de forma que el bebé esté siempre en posición parcialmente incorporada (es decir, que su cabeza se encuentre en una posición más elevada que el resto del cuerpo).
  • Ayúdale a expulsar siempre el aire después de las tomas, ya que su presencia puede favorecer la regurgitación.
  • Si le das el pecho, alimenta al bebé tranquilamente, sin prisas, con la frecuencia y al ritmo que él te demande.
  • Si le das el biberón, procura no dar una cantidad excesiva de leche, ya que su digestión será más lenta, el bebé podrá empacharse con más facilidad y el exceso de alimento lo acabará expulsando por la boca.
  • Proporciónale tomas de menor volumen y más frecuentes de lo habitual.
  • Se puede recomendar la postura sobre el lado izquierdo tras las tomas, además de dejarlo tranquilo y no estimularlo tras la ingesta.
  • Además, en cuanto podamos introducir la alimentación complementaria (4-6 meses), comenzará a tomar alimentos más espesos en forma de papillas o purés, y se notará un gran cambio en muchos de los regurgitadores.
  • En ocasiones, cuando los vómitos son muy frecuentes y se produce una mala ganancia de peso pero no hay irritabilidad ni dolor por el reflujo, puede beneficiarse de una fórmula AR o anti-reflujo, que debe ser pautada por vuestro pediatra, ya que es una fórmula con características especiales.

2- En algunas ocasiones, podría tratarse de una alergia a la proteína de leche de vaca, por eso, si vuestro pediatra así lo sospecha, realizará un tratamiento de prueba con una fórmula hidrolizada, es decir, una fórmula especial para alérgicos que, si es efectiva, habría que mantener hasta la provocación (se habla de ello en otra entrada). Pero si no notáis cambios habría que suspenderla, ya que el hidrolizado no es el tratamiento del reflujo.

3- Cuando el bebé presenta irritabilidad, dolor, trastornos de sueño… puede ser que el ácido del reflujo esté “quemando” el esófago, por ello vuestro pediatra pautará un protector (ranitidina, omeprazol). Este medicamento suele prepararse como fórmula magistral en la farmacia, para que sea jarabe, fácil de administrar, debiéndose tomar unos 15 minutos antes de una o dos tomas.

¿Cómo podemos tratar estas patologías?

Tanto en el segundo como en el tercer supuesto, son casos de “enfermedad por reflujo”, que precisan de tratamiento para que no existan complicaciones como esofagitis, sangrado, aspiración pulmonar, etc.

Pero por fortuna, la gran mayoría de los bebés presentan el primer supuesto, es decir, el reflujo fisiológico que, si bien es un poco engorroso, por tener que ir siempre con ropa de cambio para nuestro bebé, y a veces para nosotros/as, es un proceso benigno que cede antes de que nos demos cuenta.

Si aparece alguno de los signos de alarma que he nombrado (irritabilidad, mala ganancia de peso, posturas anómalas, vómitos excesivos… ) habrá que contarle a vuestro pediatra para que paute el tratamiento más adecuado para vuestro bebé.

Es conveniente también que su pediatra sepa la frecuencia con la que regurgita, así como la consistencia de la regurgitación.

Si lo que expulsa el bebé es leche clara, ésta procederá de la parte más alta (la parte inicial) del estomago, y normalmente irá acompañada a la expulsión de gas; por otro lado, si el aspecto de lo que expulsa es parecido a la leche cortada –como si estuviera sin digerir, con trocitos pequeños y olor ácido- ésta vendrá de la parte final del estomago (la más cercana al píloro).

Su aspecto le puede ayudar al pediatra en el diagnostico de una posible patología.

Debemos estar atentos

Aunque lo más frecuente es que las regurgitaciones ocurran en bebés sanos -y, por tanto, no supongan un problema- deberemos consultar al pediatra cuando se den estas circunstancias: 

  • En caso de regurgitaciones muy frecuentes y abundantes, ya que el bebé podría deshidratarse y estaríamos ante unos signos de deshidratación que habría que saber identificar también, como son:
    • Si el bebé orina menos de lo normal (y lo normal es mojar el pañal cada 3 horas aproximadamente).
    •  Si está menos activo y más dormido de lo habitual.
    • Si tiene los ojos hundidos y/o las mucosas secas (boca pastosa, sin apenas saliva).
    • Si llora sin lágrimas.
  • En la aparición de regurgitaciones con sangre.

Aquí debes tener en cuenta que algunos bebés alimentados al pecho, la sangre que vemos en la regurgitación puede venir del propio pecho de la madre (y no del estómago del bebé).

Estas madres tienen grietas o heridas en el pezón y, cuando el bebé succiona, la grieta se abre, sangra, y el bebé toma la leche mezclada con sangre.

También existen otras razones por las que puede aparece sangre en las regurgitaciones (problemas de coagulación, como en el déficit de vitamina K,…), y que el pediatra deberá tener en cuenta.

Bibliografía

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