¿Mi hijo es tartamudo?

La médico foniatra, Dra. María Bielsa, nos habla sobre la tartamudez, qué es y cuándo debemos preocuparnos si nuestro/a hijo/a tartamudea.

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La médico foniatra, Dra. María Bielsa, nos habla sobre la tartamudez, qué es y cuándo debemos preocuparnos si nuestro/a hijo/a tartamudea.

¿Qué es la tartamudez?

La tartamudez es un problema en la afluencia o expresión del habla, no hay un problema de base del lenguaje. 

No salen las palabras o se repiten los inicios de las mismas o de algunos sonidos en concreto, se alargan algunas vocales o consonantes…

Hay varios tipos de tartamudez y los síntomas varían en cada caso.

En algunas personas pasa desapercibida, sólo la propia persona nota esas dificultades, en otros casos es muy evidente y en algunos es bastante grave llegando al punto de impedir el habla. 

Entre los 3 y 6 años años, cuando el lenguaje del niño está en el máximo de su desarrollo, suele ocurrir la tartamudez natural o falsa tartamudez.

Es una disfluencia fisiológica en la que el niño repite algunas palabras, quiere iniciar una palabra pero no le sale y reformula lo que está diciendo, a veces utiliza muletillas (pues, pues, por, por). En muy pocas ocasiones el niño se bloquea de verdad.

Esto ocurre porque el pensamiento va más rápido que la capacidad de expresión.

La disfluencia del desarrollo es bastante frecuente y afecta al 30-35% de niños en esa etapa. Sólo 1% de estos niños van a sobrepasar los 8 años y van a presentar síntomas de una tartamudez verdadera.

Podemos distinguir, entonces, dos tipos de tartamudez:

– La tartamudez clónica, que es la más frecuente es los primeros años de vida. Son repeticiones, sobre todo de determinadas letras (p,t,k)

– Casos más graves y alarmantes: cuando el niño hace bloqueos o contracciones.

Bloquea la lengua y los labios, empieza a apretar, intenta empujar el aire y da la sensación de que está luchando contra su respiración.

En algunas ocasiones hace algún movimiento anómalo para ayudarse a arrancar a hablar, por ejemplo, un puñetazo en la mesa, una patada en el suelo o un movimiento de cara, cuello u hombro.

Es muy importante detectar cuanto antes estos casos. Analizar los factores ambientales y genéticos que puedan generar una tartamudez crónica.

Las burlas de un hermano, las correcciones excesivas y/o los regaños pueden provocar una ansiedad anticipatoria en la que el niño ya está pensando que se va a atascar.

La actitud familiar de los padres y profesores puede influir en que un niño haga una tartamudez crónica con síntomas muy incapacitantes o que sea un niño con una comunicación espontánea aunque tartamudee.

¿Qué hago si mi hijo tartamudea?

Que el niño inicie su comunicación es mucho más importante que el hecho que tartamudee.

Debe ser capaz de transmitir información, de sentirse seguro, que su comunicación sea fluida y espontánea aunque no sea 100% eficaz.  Hay que esperar a que el niño termine de hablar, no finalizar por él las palabras.

A veces los padres son sobre protectores, se empiezan a preocupar cuando el niño inicia esta tartamudez del desarrollo.

¿Qué deben hacer los padres?

Darle al niño un patrón de habla más correcto para que pueda imitarlo.

Intentar que el niño vea que el modelo que sus padres le dan es un habla tranquila, que respeta el turno de palabra y los silencios, que articula bien, que pronuncia las palabras hasta el final, que completa las frases.

La tarea que les mandamos a los padres es tiempo para hablar.

A veces estamos tan acelerados, nuestro trabajo nos ocupa y absorbe tanto que hablamos con el niño de espaldas o mirando al móvil.

Esto no es beneficioso en absoluto para el niño. La comunicación es lo primero. Al niño hay que escucharle hasta el final. Si no podemos oírle en ese momento porque estamos ocupados es mejor decirle “espera que luego te voy a atender muy bien, ahora estamos haciendo esto, cuando termine estoy contigo” y hacerlo.

En ocasiones el niño tartamudea más en casa. A veces por circunstancias emocionales, por ejemplo, se acerca la Navidad y sabe que van a haber vacaciones y regalos, o es época de evaluaciones o hay tensiones en casa.

¿Qué deben hacer los/as profesores/as?

El profesor tiene la experiencia para saber tratar estos temas, generalmente, con mucha delicadeza. Suelen ser personas muy expertas, están acostumbradas a ver como en estas edades, entre los 3 y los 5 años,  hay muchos niños que empiezan con estas conductas de pseudo-tartamudeo.

Es importante explicar a los otros niños que el tartamudeo puede ser normal, que le puede pasar a cualquier niño, que no hace que sea menos inteligente ni menos capaz. Sobre todo quitarle hierro al asunto.

Evitar burlas y cualquier tipo de represión en cuanto a la comunicación del niño.

Con delicadeza, cuando ve que el niño lo está pasando mal, es posible que le tenga que llamar aparte para decirle que se tranquilice, que no va a pasar nada.

Preguntarle: “¿Cómo te sientes más seguro? Si te mando leer ¿te puedo mandar leer a ti el primero?” Esto para evitar la ansiedad de no saber cuando le toca leer y que se ponga más nervioso.

Si es costumbre leer en clase, que lea en pareja.

O mandarle hacer otras actividades relacionadas como marcar la entonación de las palabras en la pizarra o marcar el ritmo de la lectura con las palmas.

Es importante identificar las circunstancias que están influyendo para que el niño tartamudee e intentar paliarlas cuanto antes para evitar que empeore.

¿Qué mensaje quieres dejar para las personas que nos siguen? 

Lo peor de todo es que el niño no quiera participar, que viva su tartamudez con angustia, que se acobarde a la hora de comunicarse.

Que pida a la madre que le compre las golosinas en el quiosco porque no se atreve a pedirlas, que no sea capaz de hablar con una persona extraña, que no sea capaz de llamar a un amiguito para saber lo que hay que estudiar o que no sea capaz de contestar el teléfono en casa….. Todo esto es un auténtico drama que hay que evitar que suceda alguna vez.

Cuando un niño tartamudea creo que lo más acertado es que sea consciente de que eso va a acompañarle el resto de su vida, si sabemos que es una tartamudez crónica, pero que eso no signifique un handicap para él a la hora de relacionarse.

Debe saber que puede ser la persona más feliz y más sociable del mundo. Además va a poder hacer, estudiar, trabajar y desarrollarse donde él quiera.

Hay personas tartamudas, incluso muy disfémicas, que han llegado a los puestos más altos tanto en la vida social como intelectual como laboral.

La tartamudez no tiene por qué ser un handicap en tu vida. Puedes vivir con ella y saber manejarla sin que eso te avoque a ser una persona retraída, acobardada y, sobre todo, que no sea una justificación para no hacer lo que consideras tu proyecto vital.

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