Expresión Saludable: Dis-capacidad

En ésta entrega de Expresión Saludable, Felipe Mateos, aficionado a la poesía y afectado de Osteogénesis Imperfecta comparte con nosotros/as éste poema para reflexionar.

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Ver vídeo del poema "Discapacidad" por Felipe Mateos

¿Cómo surgió tu afición a la poesía?

Empecé escribiendo prosa, pero una prosa muy infantil, al fin y al cabo tendría unos 15 años.

En Bachillerato conseguí una beca de la Fundación Telefónica para hacer un curso de la Escuela Contemporánea de Humanidades (ECH).

Ahí conocí gente muy interesante e interesada por el mundo de la cultura. Y además de empezar con los monólogos, empecé a leer poesía.

A raíz de ello, conocí gente que escribía poesía y me animé a probar. Y hace ahora como un año que empecé a ir a recitales y bares de poesía.

 

¿Por qué escribiste el poema y por qué lo has compartido con nosotros/as?

En concreto este poema lo escribí porque una noche hablando con una compañera poeta en uno de estos bares de poesía.

Me comentó si no había probado a escribir sobre el tema de la (dis)capacidad. Y tras bastantes intentos, encontré la forma de enfocarlo y bueno, ha quedado esto.

Un poema que quería compartir con todos vosotros porque creo que una de las funciones de la literatura y sobre todo de la poesía social, es concienciar y compartir experiencias. Y este es uno de los poemas que más contenido de este estilo tienen.

 

La poesía es una forma diferente de ver las cosas.

Me aporta una forma de canalización de emociones y pensamientos.

Además, con toda la actividad poética cultural de Madrid, me ha aportado el conocer gente nueva, con intereses comunes que me ha enriquecido muchísimo.

La recomiendo, desde luego. Aunque no a todo el mundo puede gustarle, siempre recomiendo probarla. Leerla.

Leer a Bennedetti, a Neruda, a Juan Ramón Jiménez, a Poe… Y a todos los poetas contemporáneos que están reformulando la poesía como Carlos Salem, Pedro Andreu, Elvira Sastre, Sabina… Porque es una poesía totalmente diferente a la que nos enseñan en clase de Literatura.

Y si la poesía gusta, invito a que todo el mundo escriba y la comparta, sin miedo a que su poema sea mejor o peor. Siempre se puede mejorar, y para ello es necesario compartir.

 

Creo que es buena para la salud. Pero no solo la poesía. Cualquier tipo de literatura es buena para la salud, tanto mental como física.

Leer nos reformula la forma de pensar, nos reorganiza la mente y nos sana heridas.

Además, se está demostrando que mediante la literatura muchas personas con alguna patología o enfermedad, mejoran su estado de salud gracias a la palabra escrita. Eso es algo muy bonito y muy importante. Por eso siempre recomiendo leer y escuchar literatura.

 

Lee el poema DIS- CAPACIDAD de Felipe Mateos

Me dijeron
que no
podía.

Que no podía luchar,
que no podía vencer,
que no podía vivir,
como muchos dicen,
una vida “normal”.

Y realmente casi lo logran.

Me llamaron cojo,
bajito, enano,
tuerto, cuatrojos,
engendro, carga.
Lastre.

Lastre.
Lastre.
Lastre.

Me marcaron.

Me marcaron de mil maneras diferentes,
al fuego, al hielo.
Me marcaron despierto,
dormido.
Me intentaron sedar
para que no opusiera resistencia.
Y me marcaron.

Me marcaron.
Me marcaron.
Me marcaron.

Me hicieron creer
que esas marcas eran vergüenza,
y asco, y pena.
Que había que ocultarlas.

Me hicieron creer
que valía menos que nada,
y que aún “nada”
era algo inalcanzable.

Me etiquetaron de torpe,
de cegato,
de malformado.

Me dijeron que padecía,
que sufría,
y que no podía disfrutar.

Me prohibieron ir al viaje de fin de curso,
me impidieron bajar al metro,
me dijeron que a ese garito no entraba,
que había escaleras.

Y me miraron.
Joder si me miraron.

Con pena,
con sorna,
con asco,
con miedo a contagiarse.

Me obligaron a aceptar
ayuda que no necesitaba,
y me negaron ayuda
que yo había pedido amablemente.

Me retiraron la palabra
o directamente no me la dieron,
supongo que me vieron incapaz
de hablar de fútbol
solo por no poder jugarlo.

Me miraron por encima del hombro
y se preguntaron
si de verdad era feliz.
Me miraron detalladamente
y se preguntaron
qué cojones harían
si les salía un hijo así.

Tuvieron lástima de mí.
De mis padres.
De mis hermanas.
De mis amigos.

A todos los que sintieron lástima
solo tengo una cosa que decirles:

Quienes dais lástima
sois vosotros,
que mientras os regocijais
en el asco o la pena que os da
uno de esos
que llamáis “discapacitados”,
este
os adelanta por la izquierda
una
y mil veces.

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