Psicología y discapacidad visual

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Fuente:  O.N.C.E. C-LM
El 3 de diciembre es el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, el Psicólogo del Equipo de Atención Básica de O.N.C.E. Castilla-La Mancha, Pablo Rodríguez Correa, nos envía este artículo sobre psicología y discapacidad visual.


La discapacidad visual se define como  el conjunto de deficiencias (problemas que afectan al funcionamiento visual), limitaciones de la actividad (dificultades para ejecutar acciones o tareas) y restricciones de la participación (problemas para participar en situaciones vitales).



El impacto que la discapacidad provoca en la vida de la persona, se puede comprender si tenemos en cuenta que en torno al 80% de la información que manejamos se percibe a través del sistema visual.


Por ello, una pérdida grave en esta función se traduce en severas limitaciones a la hora de realizar las actividades básicas de la vida diaria y de incluirse con normalidad en las actividades de la comunidad.

De ahí que la mayoría de las personas que presentan discapacidad visual refieran un sentimiento de pérdida/amenaza, insuficiencia e incapacidad para desenvolverse con autonomía y eficacia.

“Me siento acobardado, no puedo hacer nada (como antes), todo se me hace un mundo, soy un inútil o una carga para mi familia, los demás no me entienden, no veo salida a esta situación,…” son expresiones muy frecuentes en los casos de pérdida visual sobrevenida.


Si la pérdida es congénita o se produce en la infancia, sentimientos similares surgen en los padres y madres, proyectando sus inquietudes e incertidumbres sobre el desarrollo y desenvolvimiento futuro de sus hijos (cómo va a hacer para…, cómo se va a sentir, qué futuro le espera, etc.).



A consecuencia de las emociones negativas que acompañan a esta situación, un número significativo de personas puede desarrollar trastornos adaptativos, del estado de ánimo y/o de ansiedad.



Un primer paso para superar este escenario de dolor y sufrimiento consistiría  en la modificación de las emociones, actitudes y comportamientos desadaptativos que dificultan un afrontamiento eficaz.



De ahí el papel relevante de la Psicología a la hora de aportar apoyo, respuestas y soluciones en el marco de un trabajo interdisciplinar. Se entiende que la participación y desarrollo de otros servicios compensadores de la discapacidad requiere previamente de un adecuado nivel de ajuste.



El Ajuste a la discapacidad es un sentimiento, la finalización exitosa del  proceso de adaptación a la pérdida o falta de visión.  Sería la recomposición final, o encaje de la discapacidad visual en la vida del individuo y su familia.



En este sentido, la Discapacidad visual sería interpretada como una situación de estrés que compromete el bienestar y equilibrio de la persona y que requiere una adaptación a las circunstancias que inicialmente desbordan sus recursos de afrontamiento.



La consecución de un adecuado nivel de ajuste comprendería  el desarrollo en la persona y su entorno de los siguientes aspectos:



  1. Comprensión: Conocer las principales características del déficit visual (diagnóstico, causa de las dificultades, evolución y cuidados). Esto ayudará a la persona a comprender sus dificultades y a expresarlas con naturalidad, facilitando así la comprensión y apoyo de otros significativos.



  1. Reconocimiento: Reconocer que la deficiencia visual implica una situación específica, unas limitaciones y una permanencia futura, abandonando ideas poco realistas de volver a ver. Evitaremos así los procesos de peregrinaje en busca de tratamientos médicos que actualmente no poseen solución para estas patologías.



  1. Aceptación: Supone una actitud. Más allá del reconocimiento, implica admitir la nueva situación con una conformidad activa o conformidad entendida como reto, y, en consecuencia, orientar los comportamientos hacia acciones adaptativas.



Esta actitud vendría definida a través de la valoración que el individuo realiza sobre la situación (una valoración primaria que interpreta esta situación como pérdida, amenaza o desafío, y una valoración secundaria en la que la persona evalúa los recursos que cree poseer para afrontarla, tanto a nivel personal como de apoyos).



  1. Adaptación: Sería la acomodación del comportamiento (psicofisiológico,  cognitivo y conductual), a la nueva situación. Implicaría una adaptación a tres niveles:



    1. Adaptación emocional: Recuperación del equilibrio personal con ausencia de emociones negativas, como ansiedad, depresión o rechazo a la discapacidad.
    2. Adaptación funcional: Recuperación de la autoeficacia en la realización de tareas vitales. Supone un afrontamiento eficaz a nivel instrumental (utilización de instrumentos específicos),  procedimental (uso de estrategias alternativas) y comunicacional (movilización de los recursos de apoyo).
    3. Adaptación social: Sentimiento de integración en las actividades y relaciones sociales que tienen lugar en los diferentes contextos de la comunidad (estudio, trabajo, relaciones interpersonales y afectivas, ocio, etc.).



En esta línea, el tratamiento psicológico evaluará e intervendrá sobre lo que la persona sienta, piense y haga en relación a la discapacidad.



Cuando se vea necesario, desarrollaremos intervenciones encaminadas a:  facilitar el control de respuestas emocionales como ansiedad, depresión o rechazo, además de favorecer la adaptación mediante el aprendizaje de estrategias de afrontamiento y habilidades situacionales:



  • mantener un adecuado nivel de actividad,
  • disposición al aprendizaje de nuevas habilidades y su empleo con naturalidad en el contexto social,
  • tener iniciativas para aumentar por sí mismo su autonomía en determinadas actividades de la vida diaria,
  • controlar pensamientos negativos ante situaciones asociadas a la discapacidad visual y
  • expresar con naturalidad la existencia de la misma, solicitando, cuando sea necesario, ayuda física y apoyo emocional.



De manera sucinta, estas serían las respuestas y soluciones que puede aportar la Psicología para que las personas con discapacidad visual recuperen su bienestar y mantengan un adecuado nivel de calidad de vida.




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Artículo enviado por:


Pablo Rodríguez Correa
Psicólogo del Equipo de Atención Básica
O.N.C.E., Castilla-La Mancha

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