La vitamina D en tiempos de COVID

Una cantidad adecuada de esta vitamina contribuye al correcto funcionamiento del sistema inmune. Como se ha mencionado, la única forma de incorporarlas al organismo se limita a la dieta.

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Llevar una alimentación saludable y equilibrada es fundamental para fortalecer nuestro organismo a cualquier edad, pero a día de hoy es imprescindible para lograr vencer a la COVID-19. Esto no quiere decir que determinados alimentos vayan a curar enfermedades, pero sí pueden llegar a conseguir blindar nuestro sistema inmune, explica la Bióloga especializada en Mención Sanitaria y Prof. Claudia Gómez Reaño en este artículo.

Vitamina D y CovidUna alimentación variada y una vida sana y activa son las claves para conseguir reforzar nuestro sistema inmunitario, con el objetivo de que nuestro organismo pueda plantar cara a cualquier agente externo que pretenda perturbarlo.

Alimentos como frutas, verduras, cereales, legumbres, hortalizas, carnes y pescados blancos y frutos secos, entre otros, constituyen un gran aporte nutritivo. Además, es importante cocinar los alimentos mediante las técnicas que mejor conserven sus propiedades. Asimismo, es recomendable beber unos 2 litros de agua al día y hacer deporte para evitar una vida sedentaria.

La ingesta de vitaminas es vital en cualquier circunstancia puesto que estos compuestos, ingeridos de manera equilibrada y en dosis esenciales, contribuyen al adecuado funcionamiento fisiológico.

La mayoría de vitaminas son esenciales, es decir, el organismo es incapaz de sintetizarlas, y su único origen posible reside en la ingesta de estas a través de la dieta. Además de ser consideradas nutrientes, algunas de ellas, participan en procesos tan importantes como el correcto funcionamiento del metabolismo corporal o del sistema nervioso, siendo de especial relevancia, por ejemplo, en el desarrollo del sistema nervioso fetal durante el embarazo.

Por lo tanto, si la ingesta de vitaminas en cantidades adecuadas es imprescindible para la vida en condiciones ordinarias, aún más en condiciones extraordinarias como las que acontecen en la actualidad, ya que se ha comprobado la relevancia de la vitamina D con respecto a la COVID.

Una cantidad adecuada de esta vitamina contribuye al correcto funcionamiento del sistema inmune. Como se ha mencionado, la única forma de incorporarlas al organismo se limita a la dieta. Con una dieta equilibrada estaríamos añadiendo a nuestro organismo la cantidad de vitaminas necesarias para que nuestro sistema inmune se mantenga sano y fuerte.

Si bien es cierto que los alimentos en la actualidad suelen tener una menor calidad nutricional, por lo que en ocasiones es necesario incluir la vitamina D por medio de una suplementación, previo diagnóstico del médico tras haber realizado los estudios oportunos.

Tipos de vitaminas

Aunque la vitamina D está adquiriendo un gran protagonismo, es necesario distinguir los dos tipos de vitaminas que existen:

  • Hidrosolubles. Son las vitaminas que se diluyen en agua. En el caso de llevar a cabo una suplementación de vitaminas el riesgo de tener una hipervitaminosis es menor. Esto se debe a que nuestro cuerpo adquiere las vitaminas que necesita y el resto las expulsa a través de la orina.

  • Liposolubles. Un ejemplo de ellas es la vitamina D. Este tipo de vitaminas se almacenan en la grasa por lo que una ingesta superior a la necesaria provoca que se almacenen y se puedan volver tóxicas, en este caso sí existe riesgo de hipervitaminosis.

Vitamina D y COVID

El sistema inmune puede inmunodeprimirse (debilitarse) con la llegada del invierno, siendo entonces más propensos a padecer infecciones en el tracto respiratorio. Además, por lo general, durante esta estación, los niveles de vitamina D son más bajos en la población. La epidemia de COVID-19 apareció por primera vez en invierno, coincidiendo con la inmunodepresión causada por el frío junto con el déficit de esta vitamina.

Según un estudio publicado en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, alrededor del 80% de los pacientes ingresados por COVID presentaban en sus análisis un déficit de vitamina D.

Además, según un estudio publicado la revista ‘PLOS ONE’ aquellos pacientes hospitalizados con COVID-19 con un nivel suficiente de vitamina D (al menos 30 ng/ml de 25-hidroxivitamina D en sangre), presentaban tanto menor riesgo de efectos clínicos adversos como menor nivel sanguíneo de marcador inflamatorio (proteína C reactiva) y mayor cantidad de linfocitos (células pertenecientes al sistema inmune que colaboran en la lucha contra infecciones).

Por lo tanto, en última instancia, se relaciona de manera directa la presencia/deficiencia de Vitamina D, con menores o mayores complicaciones de la COVID, respectivamente.

Acción de la Vitamina D

Esto puede deberse a que esta vitamina respecto a la inmunidad posee una doble acción.

Activa un receptor (VDR) que promueve la respuesta inmune (innata) del huésped para eliminar una determinada infección rápidamente. Al mismo tiempo limita un tipo de inmunidad (la adquirida) que produce una inflamación excesiva, pudiendo llevar a inmunopatologías, otros de los grandes problemas derivados de la COVID.

Por otra parte, esta vitamina regula la absorción de calcio y fósforo, proceso de suma importancia, en especial en la fase de la menopausia para evitar la aparición de enfermedades como la osteoporosis, puesto que ayuda a la fijación del calcio en los huesos.

Actualmente la población tiene niveles más bajos de vitamina D por diversos motivos, por lo que es muy importante explicar las formas que tiene el organismo de recibirla.

Existe una forma endógena de asimilar la vitamina D, a través del sol. La reacción es compleja, por medio de la piel se activan una serie de previtaminas que desencadenan finalmente la formación de la vitamina D. Por otro lado, existe una forma exógena de adquirirla a través de los alimentos. Los alimentos más recomendados son la yema de huevo, los pescados grasos, la leche entera y sus derivados, y los aceites, entre otros.

Cumpliendo estas indicaciones lo más probable es que nuestras reservas de vitamina D estén bien cargadas, aunque en el caso contrario, es necesaria la suplementación, la cual es totalmente adecuada y debe realizarse bajo prescripción médica y con un control rutinario.

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Bibliografía

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