Fotografía de emociones

Álex Casas, fotógrafa de emociones, nos descubre "12 meses, 12 emociones". Lee los textos que comparte con nosotros y déjate llevar por las impactantes imágenes que ha preparado para expresar emociones.

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Desde mi proyecto, Álex Casas de fotografía de emociones, quiero escribiros sobre emociones y sentimientos, sobre personas y apariencias, sobre identidad personal y autoimagen, sobre retrato y sentir, sobre experiencia y ser, sobre la magia que tiene la fotografía para mostrarnos nuestro interior cuando miramos nuestro exterior.

Donde el cuerpo y la mente se encuentran, surgen las emociones. Con esta afirmación Eckhart Tolle nos dice que las emociones son parte del individuo, pero en ocasiones olvidamos gestionarlas, o simplemente no sabemos cómo.

¿Qué es la fotografía de emociones?

Voy a acompañaros durante los próximos meses con imágenes y reflexiones, que faciliten al lector un acercamiento al reconocimiento sobre las emociones que todos sentimos o podemos sentir en algún momento, y que ayuda a mejorar la gestión de nuestra propia vida, nuestro desarrollo y bienestar personal.

Soy fotógrafa de emociones, esto significa que utilizo la fotografía y las emociones en el mismo camino: el retrato es una potente herramienta para lograr una transformación personal, una mejora de la autoestima, un encuentro con tu propia identidad, una valoración de tu propia autoimagen.

Emoción: Miedo

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Miedo. Fuente: Álex Casas

Si no vale para nada, abandónalo, dicen por ahí… No lo sientas, no lo tengas, sonríe, sé fuerte, se positivo, no muestres debilidad, pon actitud, no lo vivas, suéltalo, no sucumbas… De tanto escuchar NO, terminamos creyéndolo y queremos no sentir nuestro propio miedo, y cuando lo sentimos lo negamos, lo escondemos y por dentro sufrimos, porque ahora además nos creemos erróneos e insuficientes por sentir ese miedo, porque la sociedad no lo permite, nos está diciendo NO, no hay miedo, no lo tengas, no lo sientas.

Para quien tiene miedo, todo son ruidos. Sófocles

El silencio socialmente impuesto sobre nuestros miedos, que nos impide mostrar nuestras carencias, que niega nuestra parte más mundana, que deprecia nuestra vulnerabilidad, que nos empuja a una sonrisa que no es alegre y exige mostremos una perfección impostada, nos empuja a fingir el no sentir, y fingiendo no desaparecen las sensaciones del cuerpo.

La lucha contra nuestro propio miedo tampoco elimina el miedo. Escapando no se encuentra la paz, tampoco nuestro ánimo va a mejorar negando los estados que vivimos, solo continúa molestando, pero en silencio y en soledad.

El efecto que estamos consiguiendo es liderar las listas de las llamadas enfermedades mentales y el consumo, quizá abusivo, de ansiolíticos, un camino cercano al destierro social, a la incomprensión y abocarnos al más insostenible de los sufrimientos: el que perdura, con el que te peleas porque todos dicen, que no debe ser.

Nada es más difícil que aceptarse a uno mismo. Max Frisch

Ignorar que es exactamente aquello que sentimos por dentro nos convierte en analfabetos emocionales por fuera. Si añadimos que quizá carecemos de un vocabulario exacto para determinar lo sentido, porque nunca nos enseñaron a reconocer ni verbalizar nuestras propias emociones, significaría prohibir todo lo que es fisiológicamente natural, y todo lo que es natural, necesita simplemente ser, tener su espacio, su tempo, su lugar, y sobretodo necesita tu aceptación, si la tuya, porque eres tú la única persona que puede gestionar tu propio miedo, encontrarlo, mirarlo, aceptarlo y atravesarlo para llegar a estar en paz.

Atiende tus necesidades primero, date tiempo a ti, date tu espacio, conócete y siéntete.

El camino comenzaría con la honestidad que requiere mirar dentro de ti para ver que sientes, que es esa angustia que tu cuerpo experimenta ante una situación cualquiera, qué sucede para que toda tu atención se dirija únicamente hacia el estímulo que tu cerebro cree una amenaza y libera hormonas que buscan tu equilibrio, cómo tu corazón bombea más fuerte y aumenta tu tono muscular, cómo tu cuerpo se prepara para protegerte y te impulsa a huir.

El miedo es natural, es normal, sea lo que sea aquello que te asusta, está bien. Conocer que es el miedo lo hace un poco más pequeño.

Miedo es un sufrimiento que produce la espera de un mal. Aristóteles.

Reconoce tu miedo

A veces el cerebro olvida distinguir claramente la diferencia entre un león hambriento y un grupo de personas que solo te están escuchando, o un examen, o una araña, o cualquier otra situación que entienda como insegura para ti, y por tanto, te protege de dicha situación.

Nada hay erróneo en ti por sentir miedo. Nada malo estás haciendo al tener miedo. Tampoco hay nada negativo en aquello que tememos, no es malo tener miedo al fracaso, ni al éxito, ni temer al qué dirán ni al que pensaran, tampoco es erróneo tener miedo al cambio ni a la soledad, ni al rechazo, ni es malo temer ser abandonado, tampoco es malo tener miedo a destacar, a brillar a ser diferente, ni tampoco es malo el grado en que lo sentimos.

Cada ser humano es único y cada manera de sentir es singular, y todas ellas son perfectas.

Al poder discernir el miedo, podemos pasar a aceptarlo, a permitirlo, a dejarlo ser, a no negarlo ni esconderlo, a no luchar contra ello, a no disimular, solo sentirlo. Sentirlo plena e intensamente.

Déjalo ser, sin regodearte en él, no lo hagas protagonista, el protagonista de tu vida eres tú mismo. Sólo tú.

Una vez reconocido, visto y sentido tu miedo, ya podemos dejarlo ir. Puedes respirar profundo y hablarle, recordarle que estás a salvo incluso sintiendo lo que ahora sientes. Incluso si tu corazón bombea tan fuerte que parece salirse del pecho, incluso cuando sientas que el oxígeno ha dejado de entrar en ti y que la sangre no sube a tu cabeza, incluso cuando pierdas la concentración, incluso en pleno ataque de pánico, recuerda decirle a tu miedo que ya lo ves, que ahora sabes que está aquí.

Céntrate en tu respiración, lento, sin prisa, llena tus pulmones, espera reteniendo el aire, expira lento, retén de nuevo. Solo existe este momento, esta emoción y tú sintiéndola.

Háblale, dale las gracias por salvarte la vida, (recuerda que esa es la función natural del miedo), coméntale que ahora estas a salvo, y por tanto tu miedo ya puede irse.

“En la vida, no hay nada que temer, sólo hay que comprender”. Marie Curie

Sé protagonista de tu vida

Escribir con un bolígrafo y un papel te ayuda a enfocar tu atención sobre este momento presente y este miedo concreto, sin perderte en él.

Escribir te ayuda a identificar qué sientes, te saca de tus pensamientos futuros, y te ayuda a soltar aquello que sientes de forma consciente, liberando gran parte de ese miedo, haciéndolo más chiquito, abriéndole la puerta para que pueda marcharse sin regresar.

Escribe también un listado de aquellas situaciones que te daban miedo, y aun así atravesaste miedo. Recuérdate a ti mismo que lo superaste tu solito.

Reconocer tu proceso de atravesar tu propio miedo te hace crecer, te permite tomar tu propia fuerza y te facilitará atravesar el siguiente miedo que aparezca en tu camino, considera la enorme satisfacción contigo mismo que produce la acción superada, admite ese increíble alivio por haberlo hecho.

La exposición es el antídoto ante el miedo, hacerlo una y otra vez es lo único que te ayudará a calmar tus temores.

Recuerda, es totalmente natural sentir miedo, tu miedo sirve para protegerte, y no tener miedo sería un problema grave, precisamente, porque el miedo es un instinto de supervivencia. Solo practica para gestionar y atravesarlo.

Emoción: Enfado

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Enfado. Fuente: Álex Casas

El grado de micro violencia normalizado en nuestra sociedad, puede hacernos creer que manifestar un enfado en cualquier momento y de cualquier modo nos traerá beneficio a corto plazo. Sin embargo, las consecuencias a largo plazo de un enfado son negativas, pudiendo generar más situaciones desagradables para el enfadado, para su salud y para sus relaciones interpersonales.

El enfado deteriora nuestra salud y aumenta la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

Las relaciones personales con personas de enfado constante son complicadas, a nadie le agrada tragar continuamente con chillidos, malas caras o enojo de otra persona.

Reprimir el enfado es trabajo de nuestro ego, y de poco sirve esconderlo y mirar para otro lado cuando el ardor y el mal rollo sigue dentro y no dejamos de sentirlo.

El fuego se esconderá hasta que estalle, bien hacia fuera bien hacia dentro, hacia nosotros mismos, pero no desaparece. En la represión no está la solución.

Podemos aprender a reconocer nuestros propios enfados y a calmar la intensidad, la frecuencia y la duración. Somos dueños de nuestros enfados y podemos gestionarlos, siempre que tengamos intención de hacerlo.

Aferrarse a la rabia es como agarrar un carbón ardiendo con la intención de tirarlo a alguien, pero eres tú quien se quema.-Buda.

¿Para qué sirve el enfado?

El enfado es una emoción básica, y como tal no es ni bueno ni malo, es necesario para nuestra propia supervivencia. El enfado sirve para revelarse ante una situación que consideramos injusta.

Nos enfadamos con aquello que no aceptamos. Nos ayuda a marcar nuestros límites y a defender nuestro territorio, a validar lo que es mío y a establecer lo que considero justo.

El enfado te reafirma, te defiende y te posiciona en tu espacio vital. La emoción del enfado sirve para adaptarnos al entorno y para solucionar problemas cubriendo nuestras propias necesidades.

El cabreo puede llegar debido a nuestras propias expectativas no cubiertas, o al nivel de exigencia que tengamos sobre una situación. Podemos enfadarnos por sentirnos cansados, por necesidad de un reconocimiento externo que no llega, por carecer de silencio en un entorno con jaleo.

El enojo nos hace perder absolutamente el control y después de enfadarnos, aún nos sentimos peor.

Físicamente la respuesta de nuestro cuerpo es un malestar intenso, preparamos toda nuestra fuerza para atacar, nos convertimos en pocos segundos en un cohete a punto de estallar.

Nuestro sistema nervioso se pone alerta, nos disponemos a no sentir dolor y sí a infligirlo, nos hace más fieros, más agresivos, aumenta nuestro calor corporal, llegando a tener sensación de sofoco.

Los músculos se tensan, se cierra la mandíbula y los puños, respiramos más velozmente, incluso hiperventilando, esto nos puede generar mareo o incluso sentir sensación de irrealidad.

No serás castigado debido a tu rabia, serás castigado por ella-Buda.

EL enfado es una emoción humana

Ser humano implica sentir, incluso los enfados, y aprender a manejarlos puede mejorar desde nuestra salud hasta nuestras relaciones interpersonales.

Manejar un enfado comienza detectando cuando llega y termina por comunicarlo a la persona que corresponde y no a otra, de una forma tranquila y sin ataques, en el momento preciso en que sucede y no más tarde, estableciendo de forma sana mis límites e indicando de manera clara mis necesidades, sin hacer daño a nadie.

Para ello necesitamos reconocer en primer lugar los síntomas en mi propio cuerpo, encontrar cual es la reacción que estamos teniendo, prestarnos atención a nosotros mismos, a nuestras propias necesidades y a la situación que motiva nuestro malestar.

La gente no tendrá tiempo para ti si siempre estas cabreado o quejándote.-Stephen Hawking.

Prevenir el enfado

Empatizar con la persona que crees te genera el enfado, preguntarte si realmente te ha hecho daño a propósito, indagar qué puede estar sintiendo o viviendo para ejercer de ese modo, puede ayudarte a calmar tu propio enojo.

Respirar de forma consciente, estar presente, controlando lo que sientes sin perderte en el enfado te facilita ser testigo y dueño de toda palabra que sale por tu boca y de toda la que no verá la luz.

Comunicar de forma asertiva para mostrar tu enfado sin herir, explicar que esto no te gusta expresando tu malestar, verbalizar lo que tú sientes y lo que tú necesitas, sin incurrir en señalar lo que esa persona ha dicho o ha hecho.

Hablar desde ti, desde tu sentir y de tu necesidad, te ayuda a explicarte sin dañar a nadie.

Finalmente perdonar es el mejor bálsamo para terminar con un enfado, sobre todo los que vienen de lejos.

Perdonar es comprender de una manera profunda cuál fue el desencadenante de mi enfado, que situación me produjo el dolor, entender que posiblemente no pudo ser de otra manera y aceptarlo.

Esta aceptación llegará cuando estés tranquilo y no se haya quedado nada en el tintero, de forma que si has averiguado que produjo exactamente el enfado y lo has comunicado sin dañar, de forma natural, llegara a ti el perdón y la aceptación.

Perdonar no es olvidar. Pero ayuda a dejar ir el dolor. Kathy Hedberg

Fotografiar el enfado

Una de las técnicas usadas en la fotografía de emociones, es la de realizar retratos mientras el protagonista se desahoga delante de una cámara.

Gritarle al objetivo toda tu rabia, insultar si quieres a un aparato, mostrarle tus dientes prietos, para después mirarlos desde fuera y verte a ti mismo cuando vives un enfado, resulta ser una manera de tomar conciencia que de otro modo, no podrías conocer: ver tu propio enfado.

La auto eficacia en la gestión de nuestros enfados nos provocará una sensación de bien estar que nos facilita en el futuro manejar nuevamente nuestro próximo enfado.

Se trata de pasar de sentirse víctima de cualquier situación, y auto compadecerse a poder gestionar eficazmente una emoción, que es solo necesaria, como las demás.

Emoción: Tristeza

Fotografía de emociones. Lágrima- Tristeza- Alex-Casas
Lágrima- Tristeza- Fuente: Álex-Casas

¿Qué ves en un rostro con lágrimas en los ojos? ¿Qué ves cuando miras la tristeza de otro? ¿Qué sentirías si ese rostro fuera el tuyo?

Una lágrima no es la tristeza misma. Una foto no es la emoción misma. Una lágrima representa una emoción así como una foto representa y te permite ver desde fuera, aquello que sientes por dentro.

La tristeza es una emoción, como ya te he contado en otros artículos, una emoción es algo fisiológico que tu cuerpo necesita para vivir.

El poder que la fotografía tiene para transmitir las emociones capturadas, se ve potenciado por la capacidad que esa imagen que observas tiene para ayudarte a tomar conciencia de aquello que sientes.

Te propongo un reto. Colócate ante tu cámara y siente, conecta con tu cuerpo, con tus sensaciones, conecta con tu tristeza, permite que tus lágrimas corran libres mejilla abajo. ¿Crees que no funciona? ¿Crees que nada sucederá si lo experimentas?

Atrévete a probarlo y cuéntame después.

Las lágrimas nacen del corazón, no del cerebro. –Leonardo da Vinci.

La tristeza

La tristeza es un dolor emocional que se produce por sentir carencias o por vivir cualquier tipo de pérdida: un despido, un proyecto fracasado, una ilusión, una expectativa, algo material o un ser querido.

Esta emoción te produce pérdida de tu energía, cuanto más tiempo pasas viviendo el decaimiento, más quieres no hacer nada. Ni siquiera vivir.

Entrar en queja y en autocompasión lamentándose por lo sucedido y reviviendo nuevamente aquello que ahora nos falta, es un modo de alimentar esa tristeza haciéndola más grande, agravando la situación sin encontrar ni mejora ni salida.

La tristeza está asociada a una situación específica y puntual, por tanto tiene final, y además nunca nos paraliza ni nos impide seguir funcionando con normalidad en nuestras propias vidas.

Llorar es un acto de limpieza. Hay una razón para las lágrimas. – Dionne Warwick.

¿Para qué sirve la tristeza?

La tendencia habitual en la mayoría de personas, es huir de la tristeza.

La tristeza nos permite ir más lento y llorar, aunque a veces nos resulte más sencillo sentirnos enfadados antes que ponernos tristes, pero la tristeza, incluso para los varones, tiene su utilidad: es una emoción silenciosa que nos hace gastar el mínimo de energía posible, nos hace detenernos y nos ayuda a descansar, nos induce a ahorrar fuerzas y reponernos, nos recluye hacia dentro para estar con nosotros mismos y tiene el poder de ayudarte a que otros se acerquen y nos consuelen, sirve para pedir ayuda y recibir apoyo, para sustentarte en el otro y seguir avanzando en la vida.

La tristeza es un motor de acercamiento social, nos sugiere empatía hacia otro, al conocer en mí lo que otro siente durante su tristeza, de manera que nos ayuda también a unirnos con otras personas.

La tristeza es también un tipo de defensa. – Ivo Andric.

Frente al espejo

A veces te metes tanto en aquello que sientes, que olvidas mirarte al espejo y reconocer qué es exactamente lo que transmites, y resulta que todas las emociones que sientes influyen en tu apariencia externa.

Especialmente cuando estás triste, este puede ser el momento más propenso a olvidar mirarte a ti misma, y por tanto, te puedes olvidar también de cuidar tu aspecto, incluso de cuidar de tu propia salud.

Un pequeño truco es utilizar una buena fotografía como sustituto de esa voz interior que habla mientras te miras en el espejo y te dice lo mal que esta esto o lo peor que esta aquello.

La magia que tiene la fotografía es la amabilidad que ofrece sobre tu propio cuerpo, sobre tu propio rostro y cuando tú lo miras desde fuera del espejo, te haces consciente de todo lo bueno que eres, y de lo bonitas que son todas tus partes.

Las lágrimas son palabras que necesitan ser escritas. – Paulo Coelho.

Acepta la tristeza

Expresar tu tristeza, hablar de cómo te sientes, permitir que esta emoción sea, aceptar que ahora estás triste, llorar lo que necesitas, pedir ayuda, pedir apoyo y permitirte ser sostenido serán los pilares básicos que te permitirán dejar atrás esa tristeza.

Quizá no se permite estar triste en esta sociedad, nos contaron que es mejor la felicidad, pero lo cierto es que la pena tiene su propia utilidad, incluso para los varones:

En primer lugar llora tu tristeza, permite que sea, como siempre os escribo las emociones deben ser vividas y permitidas, sin reprimir, ni disimular, sin aguantarte, ni forzarte a no estar triste.

Ya llegará el momento de salir a realizar actividades divertidas, de poner tu cabeza en fiestas, viajes, amigos y cualquier otro tipo de ideas agradables. Ya llegará el momento de la alegría. Ya vendrá.

Pero primero, permítete a ti mismo vivir esa tristeza, porque ahora es necesario, porque tiene su función, como cualquier otra emoción.

No llores porque terminó, sonríe porque ocurrió. – Dr Seuss.

Más que tristeza

Cuando la tristeza es permanente y nos impide la acción, la concentración y la capacidad, cuando nos cambia el ritmo de sueño y nos afecta en nuestra manera de relacionarnos, cuando perdemos el interés en cualquier tipo de actividad, entonces la tristeza ha alcanzado otro nivel, ha llegado a la pesadez y seriedad de una depresión.

En este caso es necesaria la ayuda externa de un experto, de alguien que sepa manejar la situación, de alguien que sepa qué decir y cómo actuar. Porque tú solo no puedes, ya te has esforzado suficiente, ya lo has intentado, ya has sido muy valiente.

Pero ahora no se trata de aguantarte, se trata de salir de esa situación, y se puede salir, siempre hay un camino, solo que la tristeza convertida en depresión puede no dejarte ver ese camino, pero siempre existe.

Comienza pidiendo ayuda a un experto que te guíe para seguir caminando, que te de la mano para levantarte, que te recuerde que mañana volverá a salir el sol, y que pronto la alegría volverá.

Emoción: Asco

Fotografía de emociones. Emoción asco
Emoción: asco. Fuente: Álex Casas

¿Cómo es tu cara cuando sientes asco? ¿Te pones bonito cuando experimentas aversión de algo o hacia alguien? ¿Es tu rostro el espejo de tu alma incluso cuando sientes rechazo a algo?

El asco es la emoción que más nos protege a nosotros mismos del entorno, nos defiende más que la emoción del miedo, porque la función de sentir repugnancia es evitar una situación, que ni siquiera ha sucedido aún.

“Aborreced las bocas que predicen desgracias eternas”. – Rubén Darío.

La sensación que sucede en tu organismo cuando algo te resulta tan desagradable que necesitas alejarlo de ti inmediatamente, o alejarte tú de ello, esa enorme aversión o disgusto, esa repulsión es otra de las emociones básicas, y por tanto adaptativas, de las cuales dispone tu organismo para sobrevivir en el mundo.

El asco nos resguarda y nos aleja de algo que pudiera ser peligroso para nosotros.

El asco nos hace sentir las posibles consecuencias antes incluso de que el hecho en sí suceda.

La emoción de asco se produce cuando tu cuerpo experimenta una fuerte reacción ante un estímulo externo, para socorrerte y apartarte de una situación, de una persona, de un animal o incluso de una simple comida, ya que el asco se asegura de cuidar que no ingieras sustancias peligrosas para tu vida, y te sirve también para generar dentro de ti mismo hábitos, y en el exterior entornos, todos ellos saludables y beneficiosos para tu propia vida.

Una faceta de la emoción del asco, es la experiencia a nivel personal y profundo, cuando sientes aversión por ti mismo, es lo que Lise Bourbeau llamó herida del rechazo. Esta herida conlleva una máscara, que no es más que aquella forma de actuar que crees buena para ti, cuando lo único que te aporta es un escudo para que no veas la herida que llevas, y mientras no la veas no la podrás sanar.

Quien lleva ésta herida, es decir, quien siente rechazo o asco hacia sí mismo, puede ejercer en su vida queriendo excluir a otros de su presencia, o excluirse a sí mismo de diferentes situaciones y lugares.

El rechazo es una profunda herida, que te condiciona y te hace huir para sobrevivir.

“Todo lo que se piensa, es afecto o aversión.” ― Robert Musil

Para gestionar el rechazo, como sucede con cualquier otra emoción, lo primero es reconocerla, saber lo que estás experimentando, y para poder reconocer algo es necesario, primero conocerlo.

El gesto físico que se produce cuando sientes asco es muy característico, ya que puede tratarse de una de las emociones que experimentamos con sensaciones más potentes.

En su máximo grado puede dejarte que la lengua se muestre por fuera del paladar, produce tensión muscular en todo el cuerpo, especialmente en el rostro, dónde los ojos tienden a hacerse más pequeños, frunciendo la nariz, y elevando las mejillas. A diferencia de otras emociones como el miedo, el asco baja la frecuencia cardiaca, porque la huida no es tan urgente.

“Negar nuestros propios impulsos es negar lo mismo que nos convierte en humanos” -Maat Doran.

Sostener la emoción de asco significa acompañarla, dejarla ser, permitir su espacio para que exista, sin reprimirla, sin disimularla, sin apartarte de ella.

Vivir el asco mirando una fotografía de tu propio rostro mientras experimentas esta sensación, te sirve para comprobar el reflejo de los sentimientos que suceden en tu fisionomía, y te muestra la capacidad de las sensaciones que ocupan tu propia alma. Mientras te miras por fuera eres capaz de conectarte con tu interior.

El poder de mirar tu propio rostro es el reconocer exteriormente esta emoción, y recordarla en tu interior.

Gestionar la emoción de asco es hacer algo útil con esta emoción sin dañar a los demás. Es vivirla de una manera consciente, es manejar esa emoción, regular tu manera de actuar según lo que sientas, dirigiendo tu comportamiento en el momento correcto y de la forma adecuada.

Sentir asco hacia una persona sería algo así como no querer estar cerca, es una sensación de “indigestión”, de no tragar a esa persona o situación.

Sentir repulsión hacia una persona es lo mismo que querer tenerla lejos para salvaguardar nuestra integridad física.

Nuestro cuerpo genera conductas o respuestas de evitación y escape, de huida o separación. En este sentido, el asco sería un estadio anterior al miedo.

La realidad es un asco, la odio, la odio; pero ¿en que otro sitio se puede encontrar un buen bistec para la cena? -Woody Allen.

La emoción de asco, además de ser en origen una reacción fisiológica, ha aumentado debido al entorno social en el que vivimos, desarrollando una vertiente social, que es aquella que nos han “enseñado” a sentir.

Así, puede darse el caso de que alguien sienta repugnancia por una conducta amorosa entre individuos del mismo sexo, pudiendo llegar a desarrollar algún tipo de trato discriminatorio o tendencias racistas sobre terceras personas que consideras diferentes a ti.

También podrías experimentar asco en el caso de encontrarte ante conductas que consideramos socialmente inadecuadas, como una relación amorosa entre miembros de la misma familia o la de un adulto con menores.

En esta situación el asco tendría la función de modular nuestras propias conductas sociales y morales, ejerciendo nuevamente una función para nuestro desarrollo y supervivencia, como sucede con todas las demás emociones: que siempre sirven para algo.

“En todo profeta coexisten el gusto por el futuro y la aversión por la dicha.” ― Emil Cioran

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