Emoción: Enfado

Reprimir el enfado es trabajo de nuestro ego, y de poco sirve esconderlo y mirar para otro lado cuando el ardor y el mal rollo sigue dentro y no dejamos de sentirlo.

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Álex Casas, fotógrafa de emociones, nos descubre el enfado en nuestra nueva sección “12 meses, 12 emociones”. Lee este profundo texto que comparte con nosotros y déjate llevar por la impactante imagen de esta segunda entrega.

El enfado

El grado de micro violencia normalizado en nuestra sociedad, puede hacernos creer que manifestar un enfado en cualquier momento y de cualquier modo nos traerá beneficio a corto plazo. Sin embargo, las consecuencias a largo plazo de un enfado son negativas, pudiendo generar más situaciones desagradables para el enfadado, para su salud y para sus relaciones interpersonales.

El enfado deteriora nuestra salud y aumenta la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

Las relaciones personales con personas de enfado constante son complicadas, a nadie le agrada tragar continuamente con chillidos, malas caras o enojo de otra persona.

Reprimir el enfado es trabajo de nuestro ego, y de poco sirve esconderlo y mirar para otro lado cuando el ardor y el mal rollo sigue dentro y no dejamos de sentirlo.

El fuego se esconderá hasta que estalle, bien hacia fuera bien hacia dentro, hacia nosotros mismos, pero no desaparece. En la represión no está la solución.

Podemos aprender a reconocer nuestros propios enfados y a calmar la intensidad, la frecuencia y la duración. Somos dueños de nuestros enfados y podemos gestionarlos, siempre que tengamos intención de hacerlo.

Aferrarse a la rabia es como agarrar un carbón ardiendo con la intención de tirarlo a alguien, pero eres tú quien se quema.-Buda.

¿Para qué sirve el enfado?

El enfado es una emoción básica, y como tal no es ni bueno ni malo, es necesario para nuestra propia supervivencia. El enfado sirve para revelarse ante una situación que consideramos injusta.

Nos enfadamos con aquello que no aceptamos. Nos ayuda a marcar nuestros límites y a defender nuestro territorio, a validar lo que es mío y a establecer lo que considero justo.

El enfado te reafirma, te defiende y te posiciona en tu espacio vital. La emoción del enfado sirve para adaptarnos al entorno y para solucionar problemas cubriendo nuestras propias necesidades.

El cabreo puede llegar debido a nuestras propias expectativas no cubiertas, o al nivel de exigencia que tengamos sobre una situación. Podemos enfadarnos por sentirnos cansados, por necesidad de un reconocimiento externo que no llega, por carecer de silencio en un entorno con jaleo.

El enojo nos hace perder absolutamente el control y después de enfadarnos, aún nos sentimos peor.

Físicamente la respuesta de nuestro cuerpo es un malestar intenso, preparamos toda nuestra fuerza para atacar, nos convertimos en pocos segundos en un cohete a punto de estallar.

Nuestro sistema nervioso se pone alerta, nos disponemos a no sentir dolor y sí a infligirlo, nos hace más fieros, más agresivos, aumenta nuestro calor corporal, llegando a tener sensación de sofoco.

Los músculos se tensan, se cierra la mandíbula y los puños, respiramos más velozmente, incluso hiperventilando, esto nos puede generar mareo o incluso sentir sensación de irrealidad.

No serás castigado debido a tu rabia, serás castigado por ella.-Buda.

El enfado es una emoción humana

Ser humano implica sentir, incluso los enfados, y aprender a manejarlos puede mejorar desde nuestra salud hasta nuestras relaciones interpersonales.

Manejar un enfado comienza detectando cuando llega y termina por comunicarlo a la persona que corresponde y no a otra, de una forma tranquila y sin ataques, en el momento preciso en que sucede y no más tarde, estableciendo de forma sana mis límites e indicando de manera clara mis necesidades, sin hacer daño a nadie.

Para ello necesitamos reconocer en primer lugar los síntomas en mi propio cuerpo, encontrar cual es la reacción que estamos teniendo, prestarnos atención a nosotros mismos, a nuestras propias necesidades y a la situación que motiva nuestro malestar.

La gente no tendrá tiempo para ti si siempre estas cabreado o quejándote.-Stephen Hawking.

Prevenir el enfado

Empatizar con la persona que crees te genera el enfado, preguntarte si realmente te ha hecho daño a propósito, indagar qué puede estar sintiendo o viviendo para ejercer de ese modo, puede ayudarte a calmar tu propio enojo.

Respirar de forma consciente, estar presente, controlando lo que sientes sin perderte en el enfado te facilita ser testigo y dueño de toda palabra que sale por tu boca y de toda la que no verá la luz.

Comunicar de forma asertiva para mostrar tu enfado sin herir, explicar que esto no te gusta expresando tu malestar, verbalizar lo que tú sientes y lo que tú necesitas, sin incurrir en señalar lo que esa persona ha dicho o ha hecho.

Hablar desde ti, desde tu sentir y de tu necesidad, te ayuda a explicarte sin dañar a nadie.

Finalmente perdonar es el mejor bálsamo para terminar con un enfado, sobre todo los que vienen de lejos.

Perdonar es comprender de una manera profunda cuál fue el desencadenante de mi enfado, que situación me produjo el dolor, entender que posiblemente no pudo ser de otra manera y aceptarlo.

Esta aceptación llegará cuando estés tranquilo y no se haya quedado nada en el tintero, de forma que si has averiguado que produjo exactamente el enfado y lo has comunicado sin dañar, de forma natural, llegara a ti el perdón y la aceptación.

Perdonar no es olvidar. Pero ayuda a dejar ir el dolor. Kathy Hedberg

Fotografiar el enfado

Una de las técnicas usadas en la fotografía de emociones, es la de realizar retratos mientras el protagonista se desahoga delante de una cámara.

Gritarle al objetivo toda tu rabia, insultar si quieres a un aparato, mostrarle tus dientes prietos, para después mirarlos desde fuera y verte a ti mismo cuando vives un enfado, resulta ser una manera de tomar conciencia que de otro modo, no podrías conocer: ver tu propio enfado.

La auto eficacia en la gestión de nuestros enfados nos provocará una sensación de bien estar que nos facilita en el futuro manejar nuevamente nuestro próximo enfado.

Se trata de pasar de sentirse víctima de cualquier situación, y auto compadecerse a poder gestionar eficazmente una emoción, que es solo necesaria, como las demás.

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