¿La depresión es una enfermedad?

La depresión ofrece un período de tiempo en el que se realizan reflexiones y que siempre va a tener un buen final, explica el psicólogo, José Antonio González Porras.

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Entrevista al psicólogo José Antonio González Porras sobre depresión
Vídeo: Las crisis son constructivas. Fuente: Rosalie Orens

Según la psicología positiva, la depresión es el período de tiempo que necesitamos para reflexionar sobre los efectos presentes acerca de lo ocurrido y la manera de mejorarlo, superarlo, aceptarlo y comprometerse con algo más ambicioso.

En el extremo opuesto está la explicación médica o física que se refiere a la reducción prolongada de neurotransmisores.

Esto implica que necesitemos un fármaco que mantenga activo los pocos niveles de neurotransmisores que hay para que la persona deprimida se siga sintiendo segura: no tendrá tantos pensamientos de muerte, acortará el período de baja laboral, será más fácil que se levante de la cama…

Lo que interesa es que ése estímulo sea sostenible, darle una significación.

Sería ideal que no recuerde a lo largo de mi biografía cuatro crisis depresivas: adolescencia, veintitantos, treintaitantos y cuarentaitantos y piense “Qué pérdida de tiempo, perdí oportunidades, celebraciones, momentos que ya no van a volver…”,

Esto seguramente desencadene el germen del siguiente episodio depresivo.

Si, en cambio, pienso que esos cuatro episodios depresivos me han permitido crecer con respecto a una etapa anterior, me alegraré, porque habré conseguido darle una significación.

Sí, lo he pasado mal, he perdido o cogido peso, me he perdido muchas cosas, pero soy otra persona, he mejorado, ahora tengo más recursos para enfrentar problemas que antes me parecían imposibles.

Lo que convierte el malestar en problema es cuando empezamos a huir de él.

En ése momento deberíamos consultar con un profesional

Siempre es aconsejable el asesoramiento.

El propio tratamiento se basa en una parte fundamental en la que la persona esté al corriente de esto: sentir tristeza o miedo es algo completamente normal, proporcional a nuestros hábitos, y de lo que vamos a sacar un rendimiento.

A su vez, se trabaja la exposición al problema.

La persona que está deprimida cree que nada de lo que antes le producía placer se lo va a volver a producir ya.

Lo que hacemos por sentido común es animar a esa persona a que realice aquellas actividades que hacía antiguamente: “anda, coge la bici, que antes te encantaba” y nos responde “no tengo ganas”. El entorno comienza a preocuparse.

Está la sensación de la acumulación no real de experiencias negativas. “Salir a la montaña, ¿para qué? Me voy a cansar, voy a sudar, me voy a equivocar” Focalizando la atención en una especie de hiperrealidad.

Lo importante es reconocer que lo que le lleva allí no es una enfermedad, aunque sí haya una respuesta farmacológica que va a aumentar su nivel de neurotransmisores.

Lo que va a hacer sostenible su recuperación en el tiempo va a ser la planificación adecuada de actividades que van a tener un éxito seguro. No necesariamente serán aquellas que realizaba antes.

La depresión nos indica una crisis vital. Mis hábitos o la forma de relacionarme con los demás no me producen los niveles de satisfacción que yo creía.

Es un período de tiempo en el que se realizan reflexiones y que siempre va a tener un buen final.

En el momento que una persona está activa, tiene inquietudes o se está formando, es más proclive a tener este tipo de cosas.

Es decir, lo que hoy me parece fantástico en mis acciones, al mes que viene me puede parecer mediocre porque necesito otras soluciones que me ilusionen, que me motiven, que me hagan levantarme con ganas de investigar, de trabajar y de confrontar.

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