¿Qué es el apego seguro?

Es importante comenzar a darnos cuenta de la importancia que tiene el Apego Seguro para nuestros hijos. El mejor regalo que les podemos hacer es proporcionarles una base de confianza en sí mismos y seguridad para que puedan relacionarse de manera saludable y llegar a tener una vida plena y equilibrada.

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Esta semana hablamos sobre el apego seguro y para ello compartimos contigo la entrevista que realizamos a la Psicóloga, Ana Lurueña, responsable del área infanto- juvenil en Ceteco- Centro psicológico, para que nos cuente en qué consiste y qué podemos hacer para practicarlo como padres y madres.

¿Qué es el apego seguro?

El apego es el vínculo que se establece entre el niño y sus cuidadores. La relación de apego es un instinto que se da en todos los mamíferos, las crías se apegan a sus figuras de referencia como medio de supervivencia.

La teoría del apego da sus primeros pasos en 1944. Esta fecha marca la publicación de un texto que John Bowlby firma tras su experiencia profesional en un hogar para chicos “difíciles”.

En este contexto, Bowlby observa y atiende a jóvenes con problemas de comportamiento antisocial, y se percata de que una parte importante de la psicopatología de estos chicos parece responder a la ruptura temprana de la relación con sus madres.

Esta primera impresión será el origen de una premisa que atravesará el resto de su trabajo: para Bowlby, la relación temprana entre un niño y aquel adulto que ejerce de cuidador primario, marca el futuro desarrollo de la persona.

Mediante esta relación se instalan los cimientos afectivos y sociales sobre los que se construirán la personalidad del individuo, su futura salud mental y sus capacidades para establecer nuevas relaciones seguras a lo largo de la adultez.

Desarrollo del cerebro

En nuestra especie nacemos con un Cortex Prefrontal muy inmaduro, y su funcionamiento óptimo no estará completado hasta los 24 años, esta estructura será la encargada de realizar una valoración y regulación emocional, y un control de impulsos efectivo.

Sin embargo, nuestro Sistema Límbico estaría ya formado en este momento, este genera las emociones y es donde se sitúa el Sistema de Apego, comportamiento instintivo infantil asociado principalmente a la búsqueda de la proximidad a una figura de apego. Estos comportamientos han evolucionado debido a que aumentan la probabilidad de supervivencia. Por ello el bebé humano nace con un fuerte impulso de tener cerca a sus cuidadores y de gustarles.

Para la mayoría de los predecesores de Bowlby, la madre es importante porque funciona como “instrumento” mediante el cual el niño obtiene satisfacción a algunas necesidades biológicas básicas (tales como la alimentación). Bowlby, por el contrario, defiende que la relación afectiva con la madre constituye una necesidad de por sí, una necesidad biológica básica, al mismo nivel que las demás.

Mediante comportamientos de apego los niños buscan la proximidad de sus figuras de apego, para que estos puedan cubrir no solo sus necesidades fisiológicas, como comer o dormir… sino también sus necesidades emocionales.

El llanto del bebé, los gestos seductores del niño en edad escolar, o los desafíos del adolescente pueden servir para lo mismo: recuperar la atención y los cuidados de los adultos que son más fuertes. El apego es, en ese sentido, un sistema flexible y dinámico, que subyace a una gran diversidad de comportamientos humanos.

Cuidar el vínculo

Las interacciones padres-hijos son los ladrillos de la seguridad en cuanto al apego. En la secuencia miles de veces repetidas en la que un adulto interpreta la necesidad de su hijo y ofrece una respuesta se contiene información que es tremendamente relevante para el niño, y que contribuirá a la construcción de su mente afectiva y social: ¿están los otros disponibles para ayudarme?, ¿pueden entender lo que necesito?, ¿puedo generar un cambio en el entorno mediante mis señales y esfuerzos comunicativos?; el entorno, ¿es un escenario seguro?

Esta es una información que se va negociando entre los niños y sus cuidadores de forma repetida, a través de las muchas interacciones que tienen lugar en el curso de la vida cotidiana de la familia, a lo largo de muchos años de desarrollo.

Pilares del apego seguro

Para poder dar un Apego Seguro a nuestros hijos es necesario que tengamos en cuenta los tres pilares fundamentales en los que se sustenta.

En el siguiente vídeo encontrarás ejemplos muy interesantes para aplicar que no están incluidos en este artículo.

 

Exploración. Base segura

El sistema de exploración

Además de proximidad y cuidados, el niño necesita establecer distancia con respecto a sus cuidadores para descubrir el mundo, obtener estimulación y desarrollar sus capacidades.

Desde muy temprano, los bebés y los niños pequeños se ven movidos por la curiosidad y cierta búsqueda de autonomía, la cual aumenta conforme el niño crece. El niño debe salir a explorar el mundo que le rodea, pues esta será su forma de aprendizaje para poder desarrollarse.

Esta función comprende para los cuidadores comportamientos tales como invitar al niño a que juegue, dar instrucciones para guiar la exploración, supervisarla a distancia o celebrar con el niño sus logros.

Fallos en la Exploración

Sobreprotección

No permitimos al niño que explore de forma adecuada, bloqueando su aprendizaje. El motivo principal puede ser que se nos despiertan nuestros propios miedos y preocupaciones, los cuales son proyectados en los niños.

El mensaje recibido sería: “El mundo es peligroso”, de esta manera creamos una inseguridad en el niño, estos miedos pondrán en riesgo el desarrollo como adulto seguro. Al mismo tiempo limitamos su autonomía, evitando que aprendan a desenvolverse en el mundo.

Desprotección

No estamos atentos a sus estados emocionales y no conectamos con ellos, de este modo el niño probablemente será autónomo, pero desconectado de sus emociones, esas señales que nos ayudan a orientarnos en el mundo y nos guían en la toma de decisiones adecuadas.

Es importante también poder hacerse cargo cuando la necesidad de exploración no puede ser cubierta. Es decir, debemos saber poner normas y límites sanos, coherentes y consistentes, mantenidos en el tiempo. Los horarios, las rutinas y las obligaciones les crean una estructura definida que les proporcionan tranquilidad y estabilidad.

Cuando son pequeños tenemos claro que debemos evitar peligros, que metan los dedos en un enchufe o se corten con algún objeto, pero cuando crecen dudamos sobre los riesgos que pueden correr nuestros hijos y nos vamos a veces a los extremos, dejando que nuestras experiencias personales condicionen nuestra puesta en marcha de límites, siendo o muy estrictos o muy laxos, y no siempre lo hacemos desde el estado de regulación emocional adecuado que el cuidador debe tener en cualquier momento de interacción con su hijo.

Conexión emocional. Reqfugio seguro

Los estados del cerebro del niño y de la madre/padre se están influyendo y regulando mutuamente. El sistema de apego tiende a activarse en situaciones de dolor físico, fatiga, peligro, malestar emocional o separación de los adultos, y sirve al niño para recuperar la proximidad de figuras de cuidador que pueden ofrecer consuelo y garantizar la supervivencia.

Ese refugio seguro al que deben volver cuando surge una necesidad fisiológica y/o emocional.

La separación o la distancia del cuidador no siempre son de carácter físico. El padre puede estar objetivamente cerca y, al mismo tiempo, psicológicamente lejos. Observamos esto cuando los padres están distraídos o cuando, a pesar de sus intentos por hacerse presentes y disponibles, se hallan invadidos por la preocupación, la tristeza, o el embotamiento emocional.

Para el niño, esto puede ser un indicador de peligro tanto o más relevante que el alejamiento corporal del cuidador o la aparición de algún estímulo amenazante o extraño. Frente a esto, el sistema de apego también puede activarse: el niño emitirá señales de protesta, tratará de recuperar la presencia afectiva de su cuidador.

Fallos de Conexión

Cuando son pequeños detectamos las señales de llanto como esa interpretación de necesidad del bebe, pero cuando son mayores sus señales pueden ser confusas para el cuidador, y las interpretaciones pueden estar sesgadas, y por tanto, podemos amplificar los miedos (sentir miedo intenso y/o verbalizarlo) o invalidar o minimizar las emociones de nuestros hijos (que tontería, no es para tanto…), provocando con ello un malestar mayor. Mensajes verbales / no verbales.

Para la correcta conexión emocional debo primero detectar la señal, para a continuación etiquetar la emoción, esto le dará a mi hijo un mapa interno que le servirá para conocer sus propios estados internos y poder guiarse en las diferentes situaciones de la vida. Que el niño se sienta entendido es fundamental en este proceso de autoconocimiento, que será la base de la construcción de su personalidad.

Regulación emocional. Refugio seguro.

La función primordial que ejerce el cuidador frente al sistema de apego es la de ser ese refugio seguro. Esta función incluye comportamientos tales como establecer contacto físico, consolar, explicar lo que sucede, dar cariño o protección.

Entre las respuestas al sistema de apego se incluye también la capacidad del cuidador para hacerse cargo de las emociones caóticas y difíciles que el niño no puede regular por sí mismo, dado que él no tiene ese Prefrontal formado todavía, lo tiene que entrenar.

Como cuidadores, tenemos que hacer un préstamo Límbico-Frontal, para ayudar al niño a regularse, pero lo primero que debemos hacer es saber regularnos nosotros.

Para poder llevar a cabo una correcta regulación emocional es necesario que el cuidador esté regulado emocionalmente, no podemos pedir a nuestro hijo se calme si nosotros permanecemos desregulados o desconectados. Necesita tener una muestra de cómo debe hacerlo, como cuando les enseñamos a comer y cogemos la cuchara y les mostramos como se hace, o cualquier tipo de habilidad que queremos que adquiera. El cuidador es el espejo, donde el niño se ve reflejado.

Hay que tener en cuenta que los niños y adolescentes experimentan emociones novedosas, que pueden resultar extrañas e incluso amenazantes. Por medio de respuestas que reflejan estos estados internos, los adultos estamos mandando un mensaje de seguridad: “lo que tienes dentro es comprensible”. Una condición para ser un buen espejo afectivo de nuestros niños es que podamos tolerar esas emociones intensas, desagradables a veces, que nuestros niños viven y despliegan.

Fallos en la regulación emocional

Balanza Emocional

Miedo/Debilidad (Inseguridad) – Equilibrio – Agresividad/Rabia

Esta responsividad se combina con la flexibilidad de los cuidadores para ir adaptándose a los estados y las necesidades cambiantes del niño, conforme éste crece o las circunstancias varían.

Así, un cuidador eficaz es capaz de dar mucho cariño cuando el niño es pequeño o se halla en una situación de dolor prolongado, y cambiar este patrón por un apoyo respetuoso y atento de la autonomía cuando el niño es más mayor o su bienestar actual le permite alejarse y explorar.

Este principio de flexibilidad se aplica también a las diferencias que existen entre los hijos de un mismo cuidador, en cuanto a las necesidades, umbrales y ritmos.

Reparación

Las secuencias ruptura-reparación son uno de los ingredientes centrales de las interacciones seguras. La parentalidad saludable, además de ser responsiva y flexible, incluye la capacidad de fallar y corregir dichos fallos, cientos de veces, a lo largo del desarrollo del niño.

Los fallos son inevitables, pues no somos perfectos, y que el niño entienda esto es un mensaje positivo, que sepan que no somos perfectos, ni ellos lo son, ni deben serlo.

Generar un alto nivel de autoexigencia puede provocar un excesivo perfeccionismo y con ello una sensación perpetua de frustración. Por otra parte, no tolerar los propios fallos o los de los demás pone en riesgo las interacciones sociales futuras.

Somos seres sociales por naturaleza, nuestra evolución fue posible gracias a la formación de grupos, lo que nos permitió repartir las funciones y poder sobrevivir.

Reparar implica reconocer el error cometido y cubrir la necesidad del niño, aunque sea de forma tardía. “Siento no haberme dado cuenta, la próxima vez intentaré hacerlo mejor”. No debemos desechar la importancia de una reparación adecuada cuando en un primer momento no fuimos capaces o no pudimos cubrir esa necesidad.

Conclusiones

La investigación demuestra que las interacciones entre padres y niños con apego seguro tienen más el aspecto de un ensayo y error que el de la armonía constante.

A todos los padres a veces les cuesta descifrar lo que sus hijos necesitan, ofrecer la respuesta adecuada a la primera, ajustarse a los tiempos y a las intensidades de sus niños, entre otros.

Sin embargo, para crecer con seguridad, los niños no necesitan a un adulto perfecto y constantemente sintonizado, sino a un adulto flexible y capaz de reparar esos fallos inevitables que se producen en la interacción.

Las facilidades o dificultades para dar un Apego Seguro se encuentran por un lado en el Apego Recibido y por otro en los Traumas o Heridas de las experiencias vitales.

Además, existen dificultades reales que están referidas a las situaciones cambiantes del entorno o a estados internos de las personas; los problemas personales, laborales o las situaciones complejas por las que atravesamos a veces (Pandemia Covid-19) complican este Apego Seguro.

No existe un catálogo preestablecido de conductas parentales adecuadas que sea independiente del contexto y de la ocasión. Entre otras cosas, porque los entornos en los que se desarrollan las relaciones de apego, las configuraciones familiares, o el temperamento de los niños, son muy variables.

En este sentido, convertirse en un buen padre o madre, consiste en construir una relación más que en desarrollar una tarea o emplear una técnica: una relación que se adapte al niño.

En las relaciones de apego seguro, los estados de coordinación cuidador niño ocupan alrededor del 30% del tiempo de interacción, es decir, con ese 30% sería suficiente para proporcionar un apego seguro.

Es bueno confiar en la propia competencia, y entender que, mientras estemos disponibles para estar y acompañar a nuestros niños, el programa de la seguridad tiende a desplegarse.

Es bueno, también, mirarnos y escucharnos para saber si algo está doliendo dentro de nosotros y, así, limitando nuestras capacidades de cuidar con seguridad. Es entonces cuando la educación parental o la asistencia terapéutica cobran su sentido.

Es importante comenzar a darnos cuenta de la importancia que tiene el Apego Seguro para nuestros hijos, podemos darles bienes económicos, prepararles con estudios, creer que estamos haciendo todo lo posible para dejarles un futuro más cómodo… pero el mejor regalo que les podemos hacer es proporcionarles una base de confianza en sí mismos y seguridad para que puedan relacionarse de manera saludable y llegar a tener una vida plena y equilibrada.

Bibliografía

Adamson, L. B., & Frick, J. E. (2003). The still face: A history of a shared experimental paradigm. Infancy, 4(4), 451-473.

Bowlby, J. (1979). The making and breaking of affectional bonds. London: Tavistock.

Cortina, M., & Liotti, G. (2010). Attachment is about safety and protection, intersubjectivity is about sharing and social understanding: The relationships between attachment and intersubjectivity. Psychoanalytic Psychology, 27(4), 410.

Fonagy, P., Steele, H., & Steele, M. (1991). Maternal representations of attachment during pregnancy predict the organization of infant‐mother attachment at one year of age. Child development, 62(5), 891-905.

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