Factores que influyen en la alimentación de los niños

Todos tenemos un sistema de creencias personales sobre los alimentos y cómo comer adecuadamente, que se ha transmitido de generación en generación.

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La alimentación de los niños a veces nos trae de cabeza. Hay niños que comen mucho, otros que no quieren comer (comedores resistentes), otros que no les gusta mancharse, que tienen un repertorio muy limitado de alimentos… y podríamos seguir enumerando una larga lista de situaciones que se nos pueden dar en el día a día durante la comida con los niños.

Pero, ¿quién no se ha sentido alguna vez desesperado durante estos momentos? De esto nos habla hoy la Terapeuta Ocupacional del Equipo Cira, Raquel Moreno Arroyo.

Alimentación de los niños
Imagen de Jill Wellington en Pixabay

Desde el vientre…

La alimentación durante la primera infancia es fundamental para sentar las bases alimentarias del resto de la vida, así como también para proteger al niño de posibles enfermedades.

Antes de nacer, el bebé aprende de forma temprana a usar los músculos y los movimientos que necesitará para comer y para calmarse. Hacia el tercer mes de gestación, se ha podido visualizar mediante imágenes de ultrasonido fascinantes de como el bebé es capaz de chuparse el pulgar y tragar líquido amniótico.

Una vez que el bebé nace, depende exclusivamente de sus cuidadores principales para la alimentación, ya que deberán posicionarle y ofrecerle el alimento y es ahí cuando nos adentramos en el maravilloso mundo (y en ocasiones no tanto) de la alimentación.

Normalmente, una actividad tan cotidiana y repetitiva como comer una buena comida a menudo se da por sentado.

De forma general, la sociedad suele disfrutar de la comida (ya que nos sirve para nuestra supervivencia, entablar relaciones sociales …) por lo que solemos asumir que todos los niños aprenderán automáticamente a comer y disfrutar de todos los alimentos ya que se trataría tan sólo de poner el alimento en la boca, masticar y deglutir. Pero eso no es la realidad.

El comer es un proceso increíblemente complejo que puede ser un auténtico reto para muchos individuos, ya que requiere la cooperación y coordinación de gran cantidad de sistemas corporales.

Si surgen problemas de alimentación a edades tempranas, lo más probable es que esperemos a ver la evolución y como resultado, la gravedad y la frecuencia de los problemas para comer a menudo no se detectan ni se tratan durante años… Durante ese tiempo, el niño continúa creciendo y esos problemas persisten y se agravan, y es ahí cuando los padres y los profesionales comienzan a cuestionar las aversiones alimentarias del niño.

¿Qué factores pueden influir en la alimentación de los niños?

  • Existen muchos factores que pueden contribuir a que los niños tengan problemas con la comida y aversiones alimentarias. Para algunos niños, las limitaciones físicas, neurológicas y sensoriales inhiben la disposición y la capacidad de probar nuevos alimentos.

  • Otros niños pueden experimentar neofobia o miedo a nuevos alimentos.

  • Los factores ambientales juegan un papel clave en el desarrollo y mantenimiento de las aversiones alimentarias. No es inusual que nuestras vidas cotidianas y los entornos familiares mientras comemos sean caóticos y estresantes.

Las creencias culturales sobre la alimentación también pueden afectar significativamente los patrones de alimentación y las selecciones de alimentos de un niño.

Podríamos hablar largo y tendido sobre todos estos factores, pero principalmente, me centraré en abordar en cómo pueden influir factores ambientales y culturales en la alimentación:

Factores ambientales en la alimentación de los niños

Los factores ambientales estresantes pueden desarrollarse a partir de una variedad de fuentes, incluidos los horarios caóticos de trabajo, las creencias culturales sobre la alimentación y el diagnóstico de una discapacidad del desarrollo.

Los horarios familiares y las comidas se han vuelto cada vez más caóticos a medida que los niños se han involucrado con más actividades extraescolares y los horarios de trabajo de los padres son más variados que en el pasado.

Los horarios impredecibles de las comidas contribuyen a los problemas con la alimentación y estos son alterados cuando los niños no tienen un horario constante para las comidas o si se les permite comer alimentos poco saludables durante todo el día.

Las familias que tienen horarios complicados, o que tienen que comer fuera de casa, a menudo complementan las comidas con bocadillos en el coche u optan por comprar comida en un local de comida rápida para poder disponer de más tiempo.

Pero hay que tener en cuenta que el hambre y el apetito son requisitos previos para una alimentación saludable y una dieta equilibrada. Si el niño no está seguro del horario de las comidas habituales, es difícil regular el hambre y la saciedad.

Otro aspecto a destacar, es que cada vez más niños comen sus comidas frente al televisor o deambulan por la casa mientras comen.

Estas opciones limitan la exposición del niño a una dieta equilibrada y las oportunidades para mejorar sus habilidades de socialización.

Desafortunadamente, estos factores ambientales continuarán apoyando las aversiones alimentarias de un niño con problemas en la alimentación y limitarán su ingesta general de alimentos.

Factores culturales en la alimentación de los niños

Uno de los factores más desafiantes que contribuyen a un comedor resistente son las creencias culturales con respecto a las comida.

Todos tenemos un sistema de creencias personales sobre los alimentos y cómo comer adecuadamente, que se ha transmitido de generación en generación.

La mayoría de los padres generalmente no reciben información o capacitación cuando se trata de comedores resistentes, por lo que a menudo recurren a las reglas y creencias que sus padres les inculcaron cuando crecían.

Desafortunadamente para estos niños, estas reglas y creencias a menudo interfieren con su capacidad de experimentar nuevos alimentos y prorrogar sus dietas.

¿A quién no le han dicho la frase… “¡si no te lo terminas lo tendrás mañana para comer!”? Forzar la alimentación puede generar emociones negativas que luego se asocian con las comidas.

La alimentación forzada también puede provocar una respuesta fisiológica en los niños generando en ellos resistencia, lucha o huida.

Cada uno de nosotros tiene una respuesta de este tipo cuando estamos siendo coaccionados o intimidados, por ello, cuando esto ocurre, nuestro apetito se suprime para permitir que nuestros cuerpos escapen del medio ambiente o se defiendan.

Por lo tanto, contrariamente a las intenciones que podemos tener si forzamos la alimentación para asegurarnos de que los niños coman, lo que conseguimos realmente es suprimir el apetito.

Premisas familiares

Aunque para algunas familias, la alimentación se torne en algo estresante, es importante que sepáis que todos estos problemas se pueden abordar, y que, con el apoyo y acompañamiento de un profesional se pueden lograr grandes cambios. Y para finalizar, es importante que tengáis estos aspectos en cuenta:

  • La familia es lo más importante para el niño y es competente para favorecer su desarrollo.

  • El desarrollo del niño se produce durante todo el tiempo, durante sus actividades cotidianas.

  • El entorno del niño es el medio natural de su aprendizaje y donde se pueden producir estos cambios en la alimentación.

  • El juego es un aspecto muy importante para que los niños tengan experiencias positivas con los alimentos.

Bibliografía

  1. Ernsperger L, Stegen-Hanson T. Just Take A Bite. Easy, Effective Answers to Food Aversions and Eating Challenges. Arlington: Future Horizons Inc 2004. 
  2. Dunn Klein M. Comedores ansiosos, horas de comida ansiosas: Archway Publishing2019.
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